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RESPALDO POLÍTICO QUE LACERA AL PUEBLO VENEZOLANO

En verdad que como Colombiano me dio pena esta semana escuchar a la subsecretaria estadounidense de Estado para América Latina, Roberta Jacobson, decir encontrarse desilusionada porque casi todos los gobiernos latinoamericanos, entre ellos Colombia, no ayudaron a Washington a aclarar que las sanciones impuestas no estaban dirigidas contra el gobierno ni la economía venezolana, sino contra siete de sus funcionarios por verse implicados en violaciones de los derechos humanos durante la ola represiva emprendida por Maduro, que el año pasado dejó al menos 43 muertos, más de 800 heridos, miles de detenciones y varias docenas de denuncias de tortura. El mundo entero ha sido testigo de tales atropellos contra los DDHH en Venezuela, y francamente, pobre labor le prestan los gobiernos de la región a la conciliación del pueblo venezolano, si antes que referirse a estos hechos, buscan el ahogado aguas arriba y cuestionan las motivaciones que tuvo la Casa Blanca para imponer tal sanción. Irreal como haya sido la presunta amenaza para Estados Unidos, me parece irrelevante ante la gravedad de los hechos, y lo menos solidario con el pueblo venezolano que pudo haber hecho el Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, comprometido él, como dice estar con los derechos humanos en nuestro país, fue desconocer el dolor y la angustia con que nuestros hermanos bolivarenses claman por los suyos. Además, me pareció que el pronunciamiento de la Canciller Holguín, disonante como casi todos los que hace, aparte de indecoroso con el Gobierno de Obama que ha sido un amigo de Colombia, es una muestra de ingratitud con su gobierno que nos ha brindado gran apoyo en nuestro actual proceso de negociación con la guerrilla de las Farc, en procura de la paz negociada del conflicto en Colombia. Si lo que pretendió el Gobierno Colombiano en un principio fue ser fiel a la manida frase de “no interferencia en los asuntos internos de un país vecino”, mejor haber optado por guardar prudencia en un asunto que involucraba a dos países amigos, y que hacía sobrar “un nuevo” respaldo al régimen de Maduro, así fuese este presionado tácita o expresamente por el líder chavista, en contraprestación al apoyo que presta Venezuela a los diálogos de la Habana, pués lo que sí se generó en cambio, fue un resultado contraproducente para Colombia, por cuanto la consecuencia, a más de propiciar la decepción en la Casa Blanca, es que ahora al País se le ha etiquetado de manera oportunista, dentro de la gavilla que han armado un grupo de países de la región, que han encontrado la ocasión propicia para revivir antiguas rencillas y resentimientos hacia Estados Unidos, acusándolo de País imperialista que busca revivir el colonialismo en la región. Si ese fuera el objetivo de Estados Unidos, la forma más fácil sería dejar de comprarles el petróleo que tanto a Colombia como Venezuela realiza, dejando extinguir sus débiles economías. Ojalá el Presidente Santos busque mejor asesoramiento a futuro, y comprenda que ante la proliferación en muchos rincones del orbe de distintas formas de violencia contra los derechos humanos y la vida de las personas, el llamado es hacer un frente mundial contra los regímenes y gobiernos que pecan por omisión ante tales vejámenes, y sea Colombia el primero, sino en manifestarlo, si en reconocerle a Estados Unidos que haya dado el primer paso en la región, frente a la flagrancia de los hechos violatorios ocurridos en Venezuela, que a nosotros como vecinos y hermanos, francamente, por nuestra pasividad, ya nos pone en una condición de vergüenza regional.

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