Por: César Augusto Hernández Ortiz Hay luchas que nos concita a todos por igual. Hay sueños que nos une a todos por igual. Hay triunfos que nos regocija a todos por igual. Victorias que hacen que todos nos abracemos en un solo abrazo como colombianos, sin distingos de raza, clase, religión o partido. En nuestra sufrida Colombia, pocas son las cosas que logran todo ese cometido. Y no son nunca situaciones que nos transforman la vida, son sólo situaciones que nos colman de felicidad por un momento o corto lapso de tiempo, aunque luego, tornamos a nuestra realidad llena de contingencias y zozobra. Casi siempre son hechos que nos llenan de orgullo nacional, como cuando se alcanzan grandes gestas por nuestros deportistas. Ver llegar a un Lucho Herrera con su rostro sangrante por las caídas, a la meta triunfante de una etapa mítica del Tour de Francia, o a un Nairo Quintana triunfar un Giro de Italia o un Subcampeonato del Tour de Francia. Son los sentimientos más puros y desprovistos de ...
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