Con seguridad el nombre de Sergio
Fajardo será protagonista en las próximas elecciones para Presidente de
Colombia. En parte por la amplia favorabilidad de que goza en la opinión
pública nacional y también por la astucia de su discurso amorfo y neutro que no se compromete
con ninguna de las posturas políticas extremas que hoy atomizan al país, en
torno al manejo de la negociación de la paz con las Farc. Adicional a ello, porque
nadie por fuera de Antioquia hace eco de las denuncias que aquí se le hacen por
su pobre gestión como Gobernador de Antioquia, en el manejo de las finanzas del
departamento dejándolo aportas de una sanción por incumplimiento de la ley
617 y con un alto índice de endeudamiento, que pone en riesgo la viabilidad
financiera del ente territorial.
Con todo y eso, y esperando que
sean las autoridades competentes las que determinen la responsabilidad
administrativa del exgobernador, debo decir que no he sido un propulsor del
revanchismo en la política, por cuanto considero que sólo contribuye a aumentar
los niveles de confrontación política y a exacerbar los ánimos de la opinión
pública y los electores, quienes al asumir partido en defensa de sus dirigentes o
políticos afectos, dejan en segundo plano los intereses de la región, la que de
manera prevalente requiere de la acción concertada de todos los actores, en
procura de resolver los males comunes que aquejan a nuestra región en Antioquia
y Medellín.
Creo más en un Gobierno aplicado
a resolver los problemas de sus gobernados y de la sociedad que representan
desde su cargo, que en los que se ocupan en atacar la gestión de su antecesor. Que
descalifican al oponente como persona, al tiempo que se proclaman ellos mismos
como adalides de la pulcritud y transparencia en el manejo de la función
administrativa. Ignoran que el desgaste y el cuestionamiento les llegan también
a ellos por igual al final de sus mandatos.
En la confrontación política que
se ha venido dando en Antioquia en los últimos años, no es secreto que el Dr.
Sergio Fajardo ha cimentado parte de su poder político a través de un discurso moral
mediático en contra de los políticos que lo han precedido en los cargos que ha
ocupado, siendo el caso concreto de Luis Pérez Gutiérrez en la alcaldía de
Medellín, y de Luis Alfredo Ramos en la gobernación de Antioquia. Recurrentes
han sido sus anunciados y espectaculares “Cortes de cuentas” y “libros
Blancos”, denunciando presuntas irregularidades en medio de ruedas de prensa, con
la proclama de ser el anticipo de la aplicación de sanciones y penas para los
afectados por cuenta de los organismos de control. Lo que a la final, siempre se tradujo
en nada de acciones, pero sí mucho en el logro de los propósitos mediáticos de
Fajardo y en la lesión al buen nombre de las personas afectadas.
Pero como la política es cíclica,
hoy es Sergio Fajardo el que es foco de duros cuestionamientos por su pasada
gestión como Gobernador de Antioquia, de parte de quien en otrora fuera su
víctima.
Me pregunto si la falta de
nobleza que en su momento evidenció Fajardo al recibir los cargos como Alcalde
y Gobernador, será emulada por la actual administración de la Gobernación de
Antioquia. No abogo por el tapen tapen, pero pienso que de las presuntas
irregularidades detectadas se debe dar traslado a los organismos competentes
sin espectacularidad alguna, en silencio y con la mayor gallardía.
Pero mucho me
temo que no será así, porque conociendo la ambición de protagonismo que motiva
a muchos de los funcionarios de Luis Pérez, queriendo ser más papistas que el
papa, terminarán incendiando más las relaciones del Gobernador con los sectores
empresariales y los movimientos políticos que siguen a Fajardo, y que hoy
respaldan al Alcalde Federico Gutiérrez, enturbiando de paso las relaciones con
la alcaldía de Medellín, como hoy se evidenció con la renuncia de la Gerente
del Metro de Medellín.
Comentarios
Publicar un comentario