Cuando dejamos que el deseo frenético por salir adelante se apodere de nuestras vidas, el anhelo genuino por triunfar se torna entonces en una obsesión, que inexorablemente nos conduce a cometer muchas equivocaciones. Una de tantas es que no valoramos a las personas por lo que son, ni disfrutamos los bellos momentos que compartimos con los demás, y luego, con el correr de los años, a veces ya viejos y quizás enfermos, con el alma ya cansada de tanto correr tras una ambición material, cual quimera que antes que acercarnos, con cada paso que damos se nos hace más distante, se abre ante nuestros ojos hoy la vida, tal como es en la realidad, un cúmulo de experiencias buenas y malas, que al final, probablemente no supimos aprovechar para nuestro bien, por lo que hoy nos obliga a jugarnos enteros por vivir con intensidad y plenitud, los restos de nuestro trasegar terreno. Hace años cuando tuvimos la oportunidad de disfrutar momentos de placidez entre amigos y familia en una pequeña finca e...
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