Con la triste tragedia de hoy por el sismo ocurrido en Nepal que ya lleva más de 1800 muertes, y la erupción de volcanes en Chile de esta semana, refuerzo mi convicción de que nuestro planeta tierra a pesar de sus millones de años de existencia, aún no es un planeta terminado de formar, y todavía su naturaleza se muestra indómita ante el hombre que aunque dotado de inteligencia, y a fuerza de haberse procreado como especie sobre su faz, en ya casi siete mil millones de pobladores, y de paso convertido en aparente dominador de este maravilloso vehículo en que viajamos por el cosmos, signando con sus actos y comportamientos el destino de los demás seres vivos que lo habitan, así como del futuro y sostenibilidad misma del planeta, no deja de ser una simple víctima mas tanto de sus propios experimentos como de la furia natural del planeta.
No hace falta echar mano de los datos sobre las grandes tragedias que a través de la historia han ocasionado miles de pérdidas humanas, sólo requiero compilar las catástrofes que desde que tengo uso de razón, he podido vivir de primera mano en lo que va de mi efímera existencia en este mundo. Tsunamis, terremotos, erupción de volcanes, avalanchas, tornados, han aniquilado poblaciones enteras y matado millares de seres humanos.
Pero las muertes de seres humanos ocurridas por catástrofes naturales son sólo una parte, se suman a éstas, las causadas por el hombre mismo en su lucha fratricida de hombre contra hombre, asesinando a sus congéneres a través de actos de guerra entre estados, de dominación de unos estados por otros, ataques de grupos terroristas y guerrillas, de grupos criminales, o actos brutales de opresión de estados dictatoriales contra sus propios pueblos, o por abandono y desnutrición. Si pensamos que tan sólo la muerte de una persona ya de por sí es una tragedia humana, no sólo para su familia, sino para su grupo social y la sociedad entera, qué puede significar para la humanidad que se pierdan millares de vidas a diario en múltiples lugares del planeta?, Qué puede esperarse de los organismos llamados a intervenir con adopción de medidas eficaces para prevenir la muerte o castigar a sus autores, si la ONU misma vive atascada en medio de la burocracia y diplomacia entre estados?.
Algo tiene que hacerse por todos, pero lo que no puede hacer carrera en el mundo, es que por causa de la superpoblación y sobreexplotación mundial a que estamos sometidos, para el hombre mismo y para la sociedades del mundo, se relativice el valor de la vida, y se genere un síndrome de tolerancia que acepte que hayan muertes de personas, y aún por millares, como un daño colateral, propio de la amenaza continua a que está expuesto el ser humano en su lucha por la supervivencia en un mundo cada vez más caótico y lleno de riesgos ambientales, sociales y políticos.
Perder violentamente a un ser querido duele mucho, la conciencia humana se resiste a asimilar la muerte como natural, y menos cuando se ocasiona por actos de injusticia o violentando los derechos humanos de la persona. Esto genera odios, que sumado a los extremismos religiosos y étnicos, conllevan a un escalonamiento de la violencia en el mundo entero, de la cual no se libra ni las poblaciones de los países más poderosos. Vivimos en un mundo donde la muerte por violencia puede tocar la puerta de cualquiera de nosotros, en cualquier momento o lugar. Invito a que trabajemos entonces por la dignificación de la vida y la reconciliación de los pueblos y hombres.
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