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ALONSO SALAZAR vs LUIS PÉREZ, BUENOS CONTRA MALOS?

Hoy se cumplió el último día de inscripción de candidatos para las elecciones del próximo 25 de octubre en que se elegirán Alcaldes, Concejales, Gobernadores, Diputados y miembros de JAL. En Medellín, se inscribió como aspirante a la Gobernación de Antioquia el Dr. Luis Pérez Gutiérrez con los avales del Partido Liberal y Cambio Radical, y no obstante que para esta campaña Luis Pérez ha tomado la decisión de no confrontar con nadie en el ámbito de los ataques a la persona, sino en el campo de las ideas y los programas que quiere promover para Antioquia "Pensando en Grande", reconocido su liderazgo y capacidad de gestión, ya ha sido objeto de ataques soterrados y directos de parte de quienes históricamente lo han confrontado con etiquetas peyorativas y sindicaciones de corrupto, sin tener fundamento real alguno y mucho menos evidenciando pruebas con que sustentar sus ataques agraviosos.

Uno de sus más enconados y viscerales enemigos es Alonso Salazar, quien no pierde momento para referirse a él, sin mencionar su nombre directamente, tratándolo de corrupto y politiquero. Siendo costumbre inveterada de Salazar y sus epígonos, utilizar reglas de juego contrarias al respeto y las buenas costumbres, e incluso la ley, pues poco le importa que la justicia ningún reproche tenga contra Luis Pérez, para ellos bajarlo a los peores calificativos que poco distan a la difamación, en su óptica sesgada de la moral y la ética pública, ya lo tienen condenado desde hace tiempo, y esa etiqueta de corrupto se ha convertido en su principal, y diría casi única plataforma política, con la que pretenden hacer creer, a propios y extraños, que Antioquia y Medellín vislumbraron después de años de oscurantismo una alborada de desarrollo y moral pública, cuando providencialmente irrumpieron ellos cual si fueran la personificación en vivo del lienzo “La Libertad guiando al pueblo” de Eugène Delacroix, reencarnando en Antioquia al pueblo de París levantado contra el rey Carlos X de Francia por sus desmanes.

No necesito ser amigo de Luis Pérez para defenderle y estoy seguro que él no necesita de mis favores, pues tiene mucha gente que le sigue y le cree. De hecho casi nunca hablo con él. Pero me resulta cuestionable que unos cuantos políticos, columnistas e industriales interesados quieran pensar y hacer creer a los demás, que todos somos corruptos por empatía, como pretenden hacerlo ver Salazar y sus seguidores. Basta ya por favor. No entiendo que interés perverso les conduce a que se quiera construir una historia negativa alrededor de una persona, que se alimente de oprobio y llene de cizaña su figura a través de los años, por diferentes actores desde distintos escenarios no sé con qué soterrados intereses, sin que importe conocer, como finalmente lo aseguró el Expresidente Cesar Gaviria esta semana, que ante las exhaustivas investigaciones realizadas, previas al otorgamiento del aval del Partido Liberal para su aspiración a la Gobernación de Antioquia, nada reprochable se encontró en la conducta del Doctor Luis Pérez, y menos aún, la existencia de investigación o condena alguna de parte de las autoridades sobre hechos cuestionables en su comportamiento. Conclusión, todo son sindicaciones infames de sus enemigos.

Me pregunto qué morbo puede mover a un sector de la opinión pública de una sociedad, para magnificarle a una persona algún acto cuestionable menor de su trayectoria, mantenerlo vigente en el tiempo como estrategia de desprestigio, y a otros en cambio, les privilegian con el olvido y el perdón sobre sus actos, esos sí, verdaderamente reprochables que ocasionaron descalabros financieros al Municipio de Medellín y a EPM, como fue el caso Orbitel por ejemplo, sino es otro que salvar los restos que quedan de un discurso político sobre la moral que hoy hace aguas, producto de las malas decisiones y equivocaciones durante el ejercicio del poder desde hace doce años, a más de investigaciones disciplinarias que hoy pesan sobre sus líderes, lo que pone en riesgo de fractura los cimientos del discurso axiológico de que EN ANTIOQUIA NO SE PIERDE UN PESO. Conclusión, lo que nos vendieron como novedad, es la misma perra…, perdón, política, con distinta guasca.

No he podido entender nunca por qué en Colombia hay sentencias y conceptos que no tienen en la práctica aplicación efectiva aun siendo reconocidas universalmente, y acogidas en nuestra Constitución como normas supremas del pacto social que hemos suscrito todos como república democrática. Se dice por ejemplo que el fin del sistema penitenciario es la resocialización de la persona, sin embargo quien paga una condena por algún delito cometido, una vez recupera su libertad, se encuentra que la sociedad lo ha condenado de por vida y nunca podrá redimirse como ciudadano. Se dice que la condición moral de la persona se presume en tanto que las condiciones técnicas y de experiencia deben acreditarse por quien aspira a ocupar cargos o a celebrar actos con la administración, empero se actúa contrariamente, y algunos se arrogan la potestad de la moral y mientras condenan y gradúan a otros de inmorales, hacen del amiguismo y la rosca una cofradía en torno al poder político y económico para soslayar el conocimiento y experiencia de las personas.

Para ellos no es suficiente que la Justicia haya encontrado a una persona inocente del cargo que ellos de manera pérfida le sindicaron, y en lugar de acatar y respetar el fallo de la justicia, su discurso moralista mantiene etiquetado al rival que pretenden destruir, como el político de los presuntos nexos con bandas criminales.

Hoy Salazar recorre nuevamente las calles de Medellín en procura del voto popular que lo regrese a la Alcaldía, y así preservar la hegemonía del Fajardismo, su polémica gestión pasada no es objeto de examen en su discurso, quizás sí la de Aníbal Gaviria a la que le hace sus reparos, pero no tiene la grandeza personal para reconocer que ayudó a elegirlo siendo funcionario, en abierto abuso de poder. Hoy dice que “Yo me comprometo”, y yo he de creerle, porque contrario a él, yo si presumo la condición moral de la persona y su buena fe. Aun cuando no puedo dejar de reconocer, que con su eventual regreso a la Alcaldía, Medellín perdería una verdadera oportunidad de trabajar por la convivencia pacífica de su gente, incendiario como es, pendenciero y excluyente, sumirá a la ciudad en una prolongación de la confrontación de buenos contra malos, en su estrecha visión de concebir la problemática social.

Ojalá me equivoque…

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