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FRANCISCO NOS TRAE LA REVOLUCIÖN A AMËRICA

Durante esta semana hemos tenido la grata y acogedora visita del Papa Francisco a Latinoamérica, concretamente a los países hermanos de Ecuador, Bolivia y Paraguay. Aun cuando su sola presencia en nuestro continente como Sumo Pontífice de la iglesia católica constituye un gran acontecimiento para quienes profesamos la fe católica, puesto de manifiesto en las multitudinarias misas campales que ha ofrecido durante su recorrido, en las que millones de fieles se han agolpado para tributarle su cariño, y a través de él, también su devoción a Cristo, no menos cierto es, que por su sencillez, humildad y carisma, el Papa Francisco se ha sabido ganar el reconocimiento y admiración de propios y ajenos a la religión católica. Si bien es cierto que el papa también ha generado críticas por parte de algunos grupos de personas en diversos lugares, estas provienen fundamentalmente de sectores políticos, grupos de presión, y regímenes estatistas, como reacción a la franqueza y contundencia con que el Papa se dirige a todos los pueblos y gobiernos para condenar los vicios que hoy esclavizan al hombre, como son la corrupción, la exclusión y la dictadura camuflada en caudillismo y populismo, tan arraigadas por esta época en nuestros países de américa. Ni siquiera esta crítica que suscita, es por pronunciamientos de tipo religioso, sino precisamente, porque el Papa Francisco no deja temas vedados a su juicio racional, contrario a lo que muchos quisieran, que el papa se ocupara sólo de rezar y opinar sobre temas religiosos. Así ocurrió en recientes días con el precandidato republicano estadounidense Jeb Bush, quien arremetió contra el Papa por hablar de cambio climático en su encíclica, una postura que se me antoja hipócrita, si no olvidamos que las posturas negacionistas del cambio climático que han defendido tanto los Bush como otros muchos miembros de su partido, han recibido en los últimos años importantes apoyos de empresas relacionadas con los hidrocarburos. Tampoco ha escapado la visita del Papa Francisco al oportunismo de parte de los presidentes de los países suramericanos visitados, quienes han aprovechado la popularidad y respaldo de que goza el papa entre los millones de personas, para oxigenar con su presencia sus decaídos e impopulares mandatos, objeto del mayor rechazo popular por dictatoriales, excluyentes y arbitrarios. Nada más extravagante por ejemplo, que el polémico Cristo crucificado sobre la hoz y el martillo, emblemas del socialismo y comunismo, que recibió el papa de regalo de parte del presidente boliviano Evo Morales, en un bochornoso acto de politiquería queriendo mostrar una presunta convicción y credo por un sistema político anacrónico, nada más extraño y exótico a la idiosincrasia y costumbres de nuestros pueblos amerindios. Adolecen todos estos estadistas de terruño, de la mínima capacidad para entender, que precisamente el liderazgo que en poco tiempo se ha sabido ganar el papa Francisco, más que por el cargo supremo que ostenta, ha sido obtenido por sus dotes de persona humilde y sencilla, solidaria al dolor y sufrimiento de los millares de pobres en el mundo, de las que todos ellos carecen para reconocer en mínimo la suerte de sus afligidos pueblos. Fácil liderazgo para el “papa revolucionario” que puede ver, pero imposible para nuestros ciegos dirigentes, o no Maduro?... o no Correa?... o no Morales?..., bueno, y aquí en Colombia tampoco escapamos.

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