De unos años para acá, viene proliferando una lucha nociva por el poder público de ciudades con presupuestos boyantes como Medellín, que trasciende el ámbito político del libre debate democrático, y busca en su lugar el empoderamiento de maquinarias políticas en asocio con sectores empresariales, cuyos líderes, más que representantes de un movimiento social o partido político, lo son de grupos de poder económico que persiguen adueñarse de la administración de la ciudad, con el fin de establecer hegemonías políticas con modelos administrativos de corte neoliberales y aplicar economías de filtración que favorezcan prioritariamente sus intereses de grupo. Por lo general, son gobiernos excluyentes, enemigos del disenso y la crítica social, y conformados por pocos y para pocos.
La contraprestación que recibe el alcalde de turno por servir a la causa de convertir la administración municipal en un conglomerado cuasi privado, desnaturalizar la función pública y sus controles, ya que también se involucra al Concejo Municipal en esta flexibilización administrativa, cegándole su misión de control político mediante ofrecimiento de dádivas y favores políticos a sus miembros, lo constituye, aparte de la retribución económica que recibe de diversas formas, la certeza de recibir financiamiento y respaldo para apuntalar futuras aspiraciones a cargos de mayor nivel como la Presidencia de la República.
A este nuevo modelo de administración pública que hoy ostenta Medellín, resulta difícil a primera vista criticarle por mala gestión, pues cumple con indicadores y suele disfrazarse de modernista, y al contrario de lo que se cree, es eficaz y cuenta con funcionarios de eximia preparación y experiencia que cumplen a cabalidad el mandato del Alcalde de realizar inversiones cuantiosas, y gastar el presupuesto a como dé lugar. Cuidan al detalle se mantenga una buena percepción de la gestión ante la opinión pública, para lo cual no escatiman ningún gasto millonario para mantener la buena imagen mediante publicidad pagada en los medios de información más importantes. Incluso, las megaobras y proyectos cuya ejecución acometen, son de apreciable contribución al progreso de la ciudad, si bien no del impacto social requerido, pues no es esa la prioridad en tanto se traten de megaproyectos de costos billonarios, que cumplan el doble objetivo de beneficiar con su adjudicación a un contratista poderoso amigo, y propiciar un aparente beneficio social por el empleo que genera y la dinamización del comercio local.
Digo aparente beneficio social, porque tal como lo dice el nobel de economía Joseph E. Stiglitz en su obra “El malestar en la globalización”, quien visitó a Medellín reciente, en realidad se trata de la aplicación de la economía de filtración, la cual explica así: “Una parte del contrato social contempla la equidad: que los pobres compartan las ganancias de la sociedad cuando crece y que los ricos compartan las penurias sociales en momentos de crisis. Las políticas de Consenso de Washington casi no prestaron la atención a cuestiones de distribución o “equidad”. Si eran presionados, muchos de sus partidarios replicarían que la mejor manera de ayudar a los pobres era conseguir que la economía creciera. Creían en la economía de la filtración que afirma que finalmente los beneficios del crecimiento se filtran y llegan incluso a los pobres. La economía de la filtración nunca fue mucho más que una creencia, un articulado de fe” ... “el crecimiento no beneficia necesariamente a todos”.(P.108-obra citada de Stiglitz).
Los ejemplos de este tipo abundan en Medellín, Parques del Río, Puente de la Madre Laura, Puente de la Cuatro Sur, Biblioteca España, etc. Como veis, conocidas sus obras, ya sabréis de quienes autores hablo, que pronto veréis queriendo suceder a Santos.
Es por ello que en esta época previa de elecciones, solo aspiro que Medellín y Antioquia despierten del embrujo alucinatorio, y elijamos nuevas personas con la capacidad y el compromiso de redireccionar los hoy inapreciados recursos públicos de Medellín y Antioquia, y revertir en realidad los oprobiosos índices de desigualdad e inequidad que hoy mostramos al mundo como una vergüenza nacional, en contraposición de quienes piensan que al contrario, Medellín vive un clímax de florecimiento y crecimiento, que no de desarrollo social, pues a los pobres, sólo les queda esperar los beneficios residuales de las megaobras del Alcalde omnipotente.
Ya veré…
La contraprestación que recibe el alcalde de turno por servir a la causa de convertir la administración municipal en un conglomerado cuasi privado, desnaturalizar la función pública y sus controles, ya que también se involucra al Concejo Municipal en esta flexibilización administrativa, cegándole su misión de control político mediante ofrecimiento de dádivas y favores políticos a sus miembros, lo constituye, aparte de la retribución económica que recibe de diversas formas, la certeza de recibir financiamiento y respaldo para apuntalar futuras aspiraciones a cargos de mayor nivel como la Presidencia de la República.
A este nuevo modelo de administración pública que hoy ostenta Medellín, resulta difícil a primera vista criticarle por mala gestión, pues cumple con indicadores y suele disfrazarse de modernista, y al contrario de lo que se cree, es eficaz y cuenta con funcionarios de eximia preparación y experiencia que cumplen a cabalidad el mandato del Alcalde de realizar inversiones cuantiosas, y gastar el presupuesto a como dé lugar. Cuidan al detalle se mantenga una buena percepción de la gestión ante la opinión pública, para lo cual no escatiman ningún gasto millonario para mantener la buena imagen mediante publicidad pagada en los medios de información más importantes. Incluso, las megaobras y proyectos cuya ejecución acometen, son de apreciable contribución al progreso de la ciudad, si bien no del impacto social requerido, pues no es esa la prioridad en tanto se traten de megaproyectos de costos billonarios, que cumplan el doble objetivo de beneficiar con su adjudicación a un contratista poderoso amigo, y propiciar un aparente beneficio social por el empleo que genera y la dinamización del comercio local.
Digo aparente beneficio social, porque tal como lo dice el nobel de economía Joseph E. Stiglitz en su obra “El malestar en la globalización”, quien visitó a Medellín reciente, en realidad se trata de la aplicación de la economía de filtración, la cual explica así: “Una parte del contrato social contempla la equidad: que los pobres compartan las ganancias de la sociedad cuando crece y que los ricos compartan las penurias sociales en momentos de crisis. Las políticas de Consenso de Washington casi no prestaron la atención a cuestiones de distribución o “equidad”. Si eran presionados, muchos de sus partidarios replicarían que la mejor manera de ayudar a los pobres era conseguir que la economía creciera. Creían en la economía de la filtración que afirma que finalmente los beneficios del crecimiento se filtran y llegan incluso a los pobres. La economía de la filtración nunca fue mucho más que una creencia, un articulado de fe” ... “el crecimiento no beneficia necesariamente a todos”.(P.108-obra citada de Stiglitz).
Los ejemplos de este tipo abundan en Medellín, Parques del Río, Puente de la Madre Laura, Puente de la Cuatro Sur, Biblioteca España, etc. Como veis, conocidas sus obras, ya sabréis de quienes autores hablo, que pronto veréis queriendo suceder a Santos.
Es por ello que en esta época previa de elecciones, solo aspiro que Medellín y Antioquia despierten del embrujo alucinatorio, y elijamos nuevas personas con la capacidad y el compromiso de redireccionar los hoy inapreciados recursos públicos de Medellín y Antioquia, y revertir en realidad los oprobiosos índices de desigualdad e inequidad que hoy mostramos al mundo como una vergüenza nacional, en contraposición de quienes piensan que al contrario, Medellín vive un clímax de florecimiento y crecimiento, que no de desarrollo social, pues a los pobres, sólo les queda esperar los beneficios residuales de las megaobras del Alcalde omnipotente.
Ya veré…
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