En el año 2008 tuvimos la oportunidad de ver en las salas de cine la película de Warner Bros, “10 000 A. C.”, dirigida por Roland Emmerich y co-protagonizada por Steven Strait y Camilla Belle. La trama de la película da vida a un joven guerrero integrante de una tribu primitiva que apenas si sobrevive dando caza a los últimos mamuts que quedan, los cuales se encuentran en migración debido al mal clima y la falta de alimento. El joven crece con una imagen distorsionada sobre su padre, del cual le cuentan que salió en busca de alimento y nunca regresó, dejándolos abandonado a él y su comunidad.
Cuando la tribu es atacada por guerreros de una civilización foránea y sus cazadores y mujeres hechos esclavos, el joven toma conciencia que deberá luchar por rescatarlos, pues de lo contrario su tribu se precipitará a la extinción. En esa persecución titánica por recuperar además a su mujer que ha sido capturada, recorre miles de kilómetros hacia tierras desconocidas y de grandes misterios. Tras ello descubre también la realidad del abandono de su padre cuando niño. Aprende que todo hombre lucha en su vida por un propósito que está por encima de todos los demás, alimentar y proteger a su familia, sus hijos y su mujer. Abandonarlos va contra la ley natural de entonces. Era algo anormal.
Sin embargo, descubre algo trascendental que le aclararía la conducta de su padre, como es comprender que desde lo más recóndito y profundo de ciertos hombres extraordinarios, únicos y excepcionales, puede aflorar un espíritu de lucha y solidaridad por los demás que trasciende al amor mismo por su familia, para estos hombres su círculo familiar se vuelve más amplio, abarca a todos los miembros de su tribu, y luchar por protegerlos se convierte en un propósito de vida, así deba sacrificar su propia familia biológica. De esa forma diríamos, según la película, nació el primer líder hace 10.000 años. Fue su padre, quien previendo la extinción inminente de su tribu por la hambruna, optó por salir en busca de alimento y opción de vida para todos, pereciendo en su misión.
Hoy en nuestros días, para desdicha del mundo y del mismo ser humano, difícilmente podríamos encontrar líderes como de los que trata la película de prehistoria. Hay quienes fungen como líderes y dirigen países ricos en Europa y América, pero que frente al drama humano de miles de familias que huyen de la guerra sangrienta en Siria, Eritrea, Somalia y otros países africanos, su repuesta ha sido el cierre de las fronteras de sus países a los miles de desplazados, que no saben que esa travesía de desespero a través del Mediterráneo, puede acabar enfrente a las concertinas de cuchillas, las cárceles de Libia, el cementerio, o más doloroso aún, como el niño ahogado en una playa de Turquía, tras el naufragio de dos embarcaciones de refugiados sirios.
Hoy el mundo está conmocionado por la foto que muestra al niño sirio Aylan Kurdi muerto en la playa tras ahogarse, y se hace un debate sobre si debió publicarse o no la fotografía, lo cual me parece absurdo. Acaso podrá ya importarle a Aylan quien por la indiferencia del mundo dejamos morir entre todos, acaso no fue la acción y omisión de los hombres del mundo los que precipitaron la muerte de Aylan, la de su hermanito, la de su madre, y la de muchos otros que han quedado perdidos en medio del Mediterráneo. Acaso podrá importarle a su padre que destrozado por la pérdida irreparable ha desechado el ofrecimiento tardío de asilo en Canadá y prefiere ir a terminar sus días en medio del infierno de su patria, acaso hemos de librarles a los líderes del mundo de que sus propias conciencias les reproche y sientan remordimiento, si es que es posible, por las consecuencias de sus guerras y el olvido. Algo debe desencadenar este triste hecho, que bien pudo evitarse a lo mejor, si Canadá hubiese otorgado el asilo que la familia del niño le había solicitado en varias ocasiones desde hace semanas, o si los países ricos de Europa dejan la mezquindad y reciben a estas familias de inmigrantes.
Mi reconocimiento en cambio por países como España y Grecia, que siendo países con mayores limitaciones y quizás poniendo en riesgo su estabilidad política han socorrido a cientos de refugiados.
NOTÍCULA: Como si el drama de los inmigrantes en el mundo no diera tema para preocupación mundial, nuestro vecino Presidente de Venezuela Maduro, piensa que deportando colombianos sin mediar un mínimo respeto por los derechos humanos de las personas, resolverá los problemas estructurales que el régimen chavista le ha infringido a la nación.
Cuando la tribu es atacada por guerreros de una civilización foránea y sus cazadores y mujeres hechos esclavos, el joven toma conciencia que deberá luchar por rescatarlos, pues de lo contrario su tribu se precipitará a la extinción. En esa persecución titánica por recuperar además a su mujer que ha sido capturada, recorre miles de kilómetros hacia tierras desconocidas y de grandes misterios. Tras ello descubre también la realidad del abandono de su padre cuando niño. Aprende que todo hombre lucha en su vida por un propósito que está por encima de todos los demás, alimentar y proteger a su familia, sus hijos y su mujer. Abandonarlos va contra la ley natural de entonces. Era algo anormal.
Sin embargo, descubre algo trascendental que le aclararía la conducta de su padre, como es comprender que desde lo más recóndito y profundo de ciertos hombres extraordinarios, únicos y excepcionales, puede aflorar un espíritu de lucha y solidaridad por los demás que trasciende al amor mismo por su familia, para estos hombres su círculo familiar se vuelve más amplio, abarca a todos los miembros de su tribu, y luchar por protegerlos se convierte en un propósito de vida, así deba sacrificar su propia familia biológica. De esa forma diríamos, según la película, nació el primer líder hace 10.000 años. Fue su padre, quien previendo la extinción inminente de su tribu por la hambruna, optó por salir en busca de alimento y opción de vida para todos, pereciendo en su misión.
Hoy en nuestros días, para desdicha del mundo y del mismo ser humano, difícilmente podríamos encontrar líderes como de los que trata la película de prehistoria. Hay quienes fungen como líderes y dirigen países ricos en Europa y América, pero que frente al drama humano de miles de familias que huyen de la guerra sangrienta en Siria, Eritrea, Somalia y otros países africanos, su repuesta ha sido el cierre de las fronteras de sus países a los miles de desplazados, que no saben que esa travesía de desespero a través del Mediterráneo, puede acabar enfrente a las concertinas de cuchillas, las cárceles de Libia, el cementerio, o más doloroso aún, como el niño ahogado en una playa de Turquía, tras el naufragio de dos embarcaciones de refugiados sirios.
Hoy el mundo está conmocionado por la foto que muestra al niño sirio Aylan Kurdi muerto en la playa tras ahogarse, y se hace un debate sobre si debió publicarse o no la fotografía, lo cual me parece absurdo. Acaso podrá ya importarle a Aylan quien por la indiferencia del mundo dejamos morir entre todos, acaso no fue la acción y omisión de los hombres del mundo los que precipitaron la muerte de Aylan, la de su hermanito, la de su madre, y la de muchos otros que han quedado perdidos en medio del Mediterráneo. Acaso podrá importarle a su padre que destrozado por la pérdida irreparable ha desechado el ofrecimiento tardío de asilo en Canadá y prefiere ir a terminar sus días en medio del infierno de su patria, acaso hemos de librarles a los líderes del mundo de que sus propias conciencias les reproche y sientan remordimiento, si es que es posible, por las consecuencias de sus guerras y el olvido. Algo debe desencadenar este triste hecho, que bien pudo evitarse a lo mejor, si Canadá hubiese otorgado el asilo que la familia del niño le había solicitado en varias ocasiones desde hace semanas, o si los países ricos de Europa dejan la mezquindad y reciben a estas familias de inmigrantes.
Mi reconocimiento en cambio por países como España y Grecia, que siendo países con mayores limitaciones y quizás poniendo en riesgo su estabilidad política han socorrido a cientos de refugiados.
NOTÍCULA: Como si el drama de los inmigrantes en el mundo no diera tema para preocupación mundial, nuestro vecino Presidente de Venezuela Maduro, piensa que deportando colombianos sin mediar un mínimo respeto por los derechos humanos de las personas, resolverá los problemas estructurales que el régimen chavista le ha infringido a la nación.
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