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SALVEMOS LA CASA COMÚN


Hoy quiero dedicar unas líneas al profundo mensaje que ha dirigido el Papa Francisco a todos los líderes del Mundo, en su intervención en la cumbre del 70 aniversario de la Organización de las Naciones Unidas, cuyo temática fue el Desarrollo Sostenible.

Las palabras de Francisco, convertido ya en un verdadero líder del Mundo, no ameritan explicación adicional ni complemento alguno. Mas claro no habría podido ser. Preservar el planeta, la casa común de toda la humanidad, exige mas que nunca un compromiso de ética y responsabilidad humana inaplazable. No sólo compromiso con el hombre mismo como ser racional de la naturaleza, sino responsabilidad hacia los demás seres vivos que habitan el planeta, los animales y la flora.

Después de escuchar a Francisco ratifico algo que he venido pensando hace tiempo y que me lleva a variar mi respeto por ciertas culturas centenarias de algunos países, incluso desarrollados, donde se tiene por costumbre inveterada la comisión de crímenes tolerados por dichos gobiernos, como la caza indiscriminada de delfines y ballenas. Esas no son muestra de una cultura sino de una incultura, si se puede decir. Pero que más podría esperarse del grado de irrespeto por la vida y la naturaleza a que ha llegado el hombre, sí aun tratándose de su misma especie, como lo dice el papa, el mismo hombre ha venido ejerciendo consuetudinariamente a través de la historia, y más aún en nuestro tiempo, la exclusión y el descarte de sus propios congéneres.

“La exclusión económica y social es una negación total de la fraternidad humana y un gravísimo atentado a los derechos humanos y al ambiente. Los más pobres son los que más sufren estos atentados por un triple grave motivo: son descartados por la sociedad, son al mismo tiempo obligados a vivir del descarte y deben injustamente sufrir las consecuencias del abuso del ambiente. Estos fenómenos conforman la hoy tan difundida e inconscientemente consolidada «cultura del descarte».

Hoy, y ante el grave estado de cosas en que se encuentra nuestro planeta y los miles de millones de pobres que en él habitamos, sometidos a las decisiones utilitaristas del 1% de los hombres, conformado por los ricos y poderosos, no puedo más que insistir en el llamado que siempre he hecho, y concretamente en mi ámbito local, al Alcalde Aníbal Gaviria, y a todos los que le sucedan en la administración de nuestra querida ciudad de Medellín, en volver los ojos a los cientos de pobres de nuestra ciudad, víctimas de la inequidad social y de justicia, que nuestro sistema político ha construido en beneficio de unos pocos ricos y poderosos, los que hoy todavía a mi pesar, persisten en continuar montando quien proteja sus intereses desde la administración municipal.

Bien lo dice Francisco: “No hay que perder de vista, en ningún momento, que la acción política y económica, solo es eficaz cuando se la entiende como una actividad prudencial, guiada por un concepto perenne de justicia y que no pierde de vista en ningún momento que, antes y más allá de los planes y programas, hay mujeres y hombres concretos, iguales a los gobernantes, que viven, luchan, sufren, y que muchas veces se ven obligados a vivir miserablemente, privados de cualquier derecho”.

Anoche precisamente, en la imaginaria ciudad que nuestro alcalde le ha querido vender al mundo, asesinaron vilmente por robarle, a un noble ciudadano americano, quien quizás motivado por los carteles rimbombantes con que el Alcalde promociona la ciudad como destino turístico seguro, quiso visitarnos por unos días, sin conocer que la realidad fáctica de la ciudad es distinta, y aún hay mucho por trabajar en pos de su seguridad, empezando por cambiar nuestras costumbres políticas, tan proclives al culto del ego y el poder personal.

Desde ya, ofrezco excusas y pido perdón a su familia en nombre de todo Medellín, y los acompaño en su pena.

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