Según el relato bíblico que trae el libro del Génesis, Dios quiso castigar la soberbia de los hombres de la época que pretendían construir una torre que llegara hasta el cielo, y para evitar el éxito de la edificación, hizo que los constructores comenzasen a hablar diferentes idiomas y reinara la confusión entre todos, dando lugar al origen de los diferentes idiomas, y se dispersaran por toda la Tierra. Esa es la historia de la Torre de babel que aún perdura en nuestros días, y con la cual se explica que hoy existan en el mundo numerosas lenguas e idiomas, que mantienen separadas en cierta forma a las diversas culturas y hace difícil que el mundo entero pueda comunicarse de manera fluida debido a las barreras de los idiomas.
Incluso la irrupción del internet, que en pocos años ha revolucionado las comunicaciones y ha conectado al mundo entero, aún no logra franquear culturas cerradas de países como la República Popular China, uno de los pocos estados socialistas que quedan en el mundo y cuya forma de gobierno ha sido descrita como comunista y socialista, y caracterizado por sus fuertes restricciones en muchas áreas, principalmente al libre acceso al Internet, la libertad de prensa, la libertad de reunión, el derecho a tener hijos, la libre formación de organizaciones sociales y la libertad de culto.
Según el censo nacional de 2010, la República Popular China registró una población de 1. 370. 536. 875 habitantes, de los cuales el 70,14% tenía entre 15 y 59 años. Es por esta razón y dado que en los últimos años este país ha logrado superar los índices de pobreza extrema, reduciéndola a tasas por debajo del 10%, que se ha convertido en el gran objetivo del resto de países del mundo, principalmente los ricos, para acceder a sus mercados y arañar algo de su gigantesca demanda de bienes y servicios.
La historia de la relación de Colombia con China ha sido a mi modo de ver un tanto agridulce, no obstante que en la actualidad, en materia de intercambio comercial es ya el tercer destino de las exportaciones colombianas y nuestro segundo proveedor, luego de Estados Unidos. La eventualidad de un posible tratado de libre comercio entre Colombia y China representa para algunos industriales colombianos una gran amenaza para la oferta industrial colombiana, como consecuencia de su estructura salarial y de unas políticas laborales que aquí serían inadmisibles y ruinosas para la sostenibilidad de nuestros productos manufactureros.
Dentro de lo agrio de nuestra relación con China, está el pobre avance que se tiene en cooperación y apoyo en aspectos de justicia entre ambos países, la inseguridad jurídica que no garantiza el pleno respeto de los derechos humanos a nuestros nacionales presos en cárceles de ese país, y el no tener suscrito un tratado de extradición entre ambos países, que permita la repatriación de internos y condenados para que paguen sus penas en Colombia.
Con todo y eso, la disimilitud cultural, económica, idiomática, y todo lo que se quiera, esta semana será un día histórico para Colombia. Se trata de la apertura de la exposición de arte del Maestro Fernando Botero en China, un sueño de más de diez años que cumple en vida el maestro Botero de llegar a China con sus pinturas, dibujos y esculturas, concretamente, al Museo Nacional de China, ubicado en los alrededores de la mítica plaza Tiananmén de Beijing, y al China Art Museum, en Shanghái, donde se podrán apreciar 10 grandes esculturas y 5 mediana.
A partir del 20 de noviembre próximo, Colombia, con sus 44 millones de habitantes, mostrará su cultura al país más poblado del mundo a través de su hijo ilustre Fernando Botero, como nunca antes lo ha hecho país alguno de occidente. La milenaria cultura del confucionismo, el budismo y el taoísmo, de dialectos como el mandarín, hablado por el 70% de la población china, se conectarán con la cultura latinoamericana, caribeña y tropical, la del idioma español.
En verdad, muchos miles de años le ha correspondido vivir a la humanidad, para volver a deshacer los pasos, del abismo que nos dejó la torre de babel.
Incluso la irrupción del internet, que en pocos años ha revolucionado las comunicaciones y ha conectado al mundo entero, aún no logra franquear culturas cerradas de países como la República Popular China, uno de los pocos estados socialistas que quedan en el mundo y cuya forma de gobierno ha sido descrita como comunista y socialista, y caracterizado por sus fuertes restricciones en muchas áreas, principalmente al libre acceso al Internet, la libertad de prensa, la libertad de reunión, el derecho a tener hijos, la libre formación de organizaciones sociales y la libertad de culto.
Según el censo nacional de 2010, la República Popular China registró una población de 1. 370. 536. 875 habitantes, de los cuales el 70,14% tenía entre 15 y 59 años. Es por esta razón y dado que en los últimos años este país ha logrado superar los índices de pobreza extrema, reduciéndola a tasas por debajo del 10%, que se ha convertido en el gran objetivo del resto de países del mundo, principalmente los ricos, para acceder a sus mercados y arañar algo de su gigantesca demanda de bienes y servicios.
La historia de la relación de Colombia con China ha sido a mi modo de ver un tanto agridulce, no obstante que en la actualidad, en materia de intercambio comercial es ya el tercer destino de las exportaciones colombianas y nuestro segundo proveedor, luego de Estados Unidos. La eventualidad de un posible tratado de libre comercio entre Colombia y China representa para algunos industriales colombianos una gran amenaza para la oferta industrial colombiana, como consecuencia de su estructura salarial y de unas políticas laborales que aquí serían inadmisibles y ruinosas para la sostenibilidad de nuestros productos manufactureros.
Dentro de lo agrio de nuestra relación con China, está el pobre avance que se tiene en cooperación y apoyo en aspectos de justicia entre ambos países, la inseguridad jurídica que no garantiza el pleno respeto de los derechos humanos a nuestros nacionales presos en cárceles de ese país, y el no tener suscrito un tratado de extradición entre ambos países, que permita la repatriación de internos y condenados para que paguen sus penas en Colombia.
Con todo y eso, la disimilitud cultural, económica, idiomática, y todo lo que se quiera, esta semana será un día histórico para Colombia. Se trata de la apertura de la exposición de arte del Maestro Fernando Botero en China, un sueño de más de diez años que cumple en vida el maestro Botero de llegar a China con sus pinturas, dibujos y esculturas, concretamente, al Museo Nacional de China, ubicado en los alrededores de la mítica plaza Tiananmén de Beijing, y al China Art Museum, en Shanghái, donde se podrán apreciar 10 grandes esculturas y 5 mediana.
A partir del 20 de noviembre próximo, Colombia, con sus 44 millones de habitantes, mostrará su cultura al país más poblado del mundo a través de su hijo ilustre Fernando Botero, como nunca antes lo ha hecho país alguno de occidente. La milenaria cultura del confucionismo, el budismo y el taoísmo, de dialectos como el mandarín, hablado por el 70% de la población china, se conectarán con la cultura latinoamericana, caribeña y tropical, la del idioma español.
En verdad, muchos miles de años le ha correspondido vivir a la humanidad, para volver a deshacer los pasos, del abismo que nos dejó la torre de babel.
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