Con ocasión de cumplirse el treinta aniversario del holocausto del Palacio de Justicia, y dado que este cruento hecho de muertes y violación de derechos humanos de inocentes, marcó para siempre la historia de Colombia con un episodio en el cual se nos perdió la brújula de lo poco que por entonces teníamos de institucionalidad, respeto por el sistema democrático y el estado de derecho, los colombianos escuchamos esta semana a propósito, pedir perdón, tanto al presidente de la época Belisario Betancur, como al actual mandatario, Juan Manuel Santos, por los errores y equivocaciones cometidas en la operación de retoma del palacio por parte de las fuerzas militares y de policía, y que condujeron al desenlace fatal.
Buscando en internet, encontré en el sitio www.significados.com que Pedir perdón “es equivalente a disculparse. Es un concepto genérico ya que se puede aplicar a diferentes contextos. Se puede pedir perdón a una persona, a un grupo o institución o a una divinidad. Pedir perdón se suele asociar a la humildad por reconocer que se ha cometido un error y también suele mostrar que la persona muestra intención de rectificar o compensar, de algún modo ese error”.
Sin embargo, contrario a lo que podría esperarse de este acto de contrición de los presidentes, lo que suscitó fue revivir el dolor de los familiares de las víctimas que llevan 30 años clamando justicia, y una mayor polémica entre los diversos sectores políticos y de opinión, entre los que se cuentan quienes consideran a las fuerzas del orden que intervinieron en los hechos como unas víctimas más, al ser condenados algunos como chivos expiatorios, en tanto que otros al contrario, las consideran responsables por la brutal retoma del palacio. Otros sectores sostienen que los verdaderos responsables fueron los guerrilleros del M-19 que perpetraron tan demencial acto, y cuyos dirigentes sobrevivientes, hoy viven plácidamente de las mieles de la cosa pública, producto de su negociada reinserción con el Estado, la que incluyó además amnistía, perdón y olvido, por el estado, no así por las víctimas.
Lo cierto es que treinta años después, esa petición de perdón de los presidentes suena anacrónica, y no cumple con ninguno de los requisitos propios de la persona que se confiesa, es decir, que reflexiona, se arrepiente, se corrige, se acusa y expía.
El que todavía exista tal polémica y divergencia sobre los responsables de los hechos, que los propios actores que participaron de los mismos, ya longevos y en la madurez de sus vidas, se exculpen todavía así mismos de toda responsabilidad, es evidencia de que el país no ha hecho un buen examen de conciencia colectiva que conduzca a la confesión del pecado cometido, dolerme interiormente por haber cometido esos pecados, porque ofendí a una sociedad y a unas víctimas. Lo que llamamos dolor de los pecados o contrición del corazón, arrepentimiento por el daño causado a tantas personas, no parecen ser a estas altura de la vida, las premisas de las peticiones de perdón de los presidentes, como sí más simbólicas con ocasión del aniversario.
El sacramento de la penitencia o confesión está en crisis en nuestra sociedad, cuántas personas, y yo me incluyo entre las muchas, optan por llegar al final de sus vidas sin confesar sus crímenes grandes o pequeños, o develar la verdad sobre sus actos en vida, los que tras la muerte quedan ocultos para siempre y privan a un país y toda una sociedad de conocer la verdad. Bien lo dijo el Papa Juan Pablo II, “al hombre contemporáneo parece que le cuesta más que nunca reconocer los propios errores… parece muy reacio a decir ‘me arrepiento’ o ‘lo siento’; parece rechazar instintivamente y con frecuencia irresistiblemente, todo lo que es penitencia, en el sentido del sacrificio aceptado y practicado para la corrección del pecado” (Reconciliación y Penitencia n. 26).
Y qué decir sobre el propósito de enmienda? Podrá Colombia y el mundo, esperar que existe por parte del Estado y de los que lo subvierten, una firme resolución de nunca más ofender a su población con actos como el del palacio de justicia. Podremos decirles como Jesús dijo a la pecadora: “Vete y no peques más”?
Y por último, podrá esperarse que se cumplirá la penitencia en favor de las víctimas que llevan esperando treinta años por parte de quienes las han ofendido? y, así expiar y reparar el daño que les hemos hecho entre todos al pecar por acción y/o omisión.
Como ven, no se trata sólo de PEDIR PERDÓN, Y LISTO.
Buscando en internet, encontré en el sitio www.significados.com que Pedir perdón “es equivalente a disculparse. Es un concepto genérico ya que se puede aplicar a diferentes contextos. Se puede pedir perdón a una persona, a un grupo o institución o a una divinidad. Pedir perdón se suele asociar a la humildad por reconocer que se ha cometido un error y también suele mostrar que la persona muestra intención de rectificar o compensar, de algún modo ese error”.
Sin embargo, contrario a lo que podría esperarse de este acto de contrición de los presidentes, lo que suscitó fue revivir el dolor de los familiares de las víctimas que llevan 30 años clamando justicia, y una mayor polémica entre los diversos sectores políticos y de opinión, entre los que se cuentan quienes consideran a las fuerzas del orden que intervinieron en los hechos como unas víctimas más, al ser condenados algunos como chivos expiatorios, en tanto que otros al contrario, las consideran responsables por la brutal retoma del palacio. Otros sectores sostienen que los verdaderos responsables fueron los guerrilleros del M-19 que perpetraron tan demencial acto, y cuyos dirigentes sobrevivientes, hoy viven plácidamente de las mieles de la cosa pública, producto de su negociada reinserción con el Estado, la que incluyó además amnistía, perdón y olvido, por el estado, no así por las víctimas.
Lo cierto es que treinta años después, esa petición de perdón de los presidentes suena anacrónica, y no cumple con ninguno de los requisitos propios de la persona que se confiesa, es decir, que reflexiona, se arrepiente, se corrige, se acusa y expía.
El que todavía exista tal polémica y divergencia sobre los responsables de los hechos, que los propios actores que participaron de los mismos, ya longevos y en la madurez de sus vidas, se exculpen todavía así mismos de toda responsabilidad, es evidencia de que el país no ha hecho un buen examen de conciencia colectiva que conduzca a la confesión del pecado cometido, dolerme interiormente por haber cometido esos pecados, porque ofendí a una sociedad y a unas víctimas. Lo que llamamos dolor de los pecados o contrición del corazón, arrepentimiento por el daño causado a tantas personas, no parecen ser a estas altura de la vida, las premisas de las peticiones de perdón de los presidentes, como sí más simbólicas con ocasión del aniversario.
El sacramento de la penitencia o confesión está en crisis en nuestra sociedad, cuántas personas, y yo me incluyo entre las muchas, optan por llegar al final de sus vidas sin confesar sus crímenes grandes o pequeños, o develar la verdad sobre sus actos en vida, los que tras la muerte quedan ocultos para siempre y privan a un país y toda una sociedad de conocer la verdad. Bien lo dijo el Papa Juan Pablo II, “al hombre contemporáneo parece que le cuesta más que nunca reconocer los propios errores… parece muy reacio a decir ‘me arrepiento’ o ‘lo siento’; parece rechazar instintivamente y con frecuencia irresistiblemente, todo lo que es penitencia, en el sentido del sacrificio aceptado y practicado para la corrección del pecado” (Reconciliación y Penitencia n. 26).
Y qué decir sobre el propósito de enmienda? Podrá Colombia y el mundo, esperar que existe por parte del Estado y de los que lo subvierten, una firme resolución de nunca más ofender a su población con actos como el del palacio de justicia. Podremos decirles como Jesús dijo a la pecadora: “Vete y no peques más”?
Y por último, podrá esperarse que se cumplirá la penitencia en favor de las víctimas que llevan esperando treinta años por parte de quienes las han ofendido? y, así expiar y reparar el daño que les hemos hecho entre todos al pecar por acción y/o omisión.
Como ven, no se trata sólo de PEDIR PERDÓN, Y LISTO.
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