Imagino que al igual que por momentos me sucede a mí, también les ocurre a la mayoría de las personas, que en ocasiones cuando el ánimo está bajito, se experimenta desde lo hondo una cierta sensación de angustia. Un temor a fracasar, casi siempre, producto de experimentar prolongados momentos de tensión por problemas de alguna índole que nos afectan, y que aún no concebimos cómo resolver. Muchos tratadistas sobre la superación personal, hoy nos hablan de la llamada inteligencia emocional, como la herramienta ideal para motivarnos a nosotros mismos, y poder salir de esos momentos de derrotismo y superarnos en nuestras vidas.
Según se lee en Wikipedia, “las características de la inteligencia emocional son: la capacidad de motivarnos a nosotros mismos, de perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de diferir las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales y la capacidad de empatizar y confiar en los demás. El grado de dominio que alcance una persona sobre estas habilidades resulta decisivo para determinar el motivo por el cual ciertos individuos prosperan en la vida mientras que otros, con un nivel intelectual similar, acaban en un callejón sin salida”.
Quizás todo esto sea verdad, pero también es innegable, que es el entorno en que se desenvuelve la persona, el que marca su proceso evolutivo. Leía en alguna parte, que un estudio realizado en Estados Unidos había determinado que en la mayoría de los casos, las personas que lograban triunfar en la vida, provenían de familias y entornos exitosos, o sea que, la superación económica por ejemplo de una persona, se daba en la mayoría de los casos, si provenía de una familia que ya de por sí era rica. Obviamente, con las correspondientes excepciones.
Es explicable entonces, producto de las frustraciones acumuladas a lo largo de nuestras vidas, refiriéndome a quienes vivimos en un país como Colombia, catalogado como uno de los más inequitativos del mundo, con la exclusión social a que se ha sometido la población pobre por las élites ricas dominantes, con una dirigencia política motivada tan sólo en perpetuarse en el poder y enriquecerse a expensas del erario y la corrupción, con la permanente amenaza de muerte por décadas de violencia y criminalidad, que la mayoría de los colombianos experimente pérdida de confianza en sus instituciones y dirigencia, así como tensión por un futuro incierto.
En mi caso particular, reconozco el impacto sicológico y emocional que significó, haber tenido que salir de Medellín desde el año 2009, a buscar opciones laborales en otras ciudades del país, separándome de la familia, por cuenta de la persecución política y exclusión laboral, que los gobiernos de Fajardo, Salazar y Gaviria le aplicaron a todos los que acompañamos a Luis Pérez en su alcaldía y en sus sucesivas aspiraciones políticas.
No sería extraño que para muchos pueda parecer un resentido social, por la posición crítica que he asumido frente a la gestión que estos dirigentes han adelantado en sus administraciones municipal y departamental. Dirán que mis críticas son producto de una persona resentida, que respira por la herida al sentirse maltratada por la sociedad o por la vida en general. Yo en cambio, al contrario, sigo creyendo que mi caso no es ese, sino el ejercicio de una voluntad que no se resigna a ver que unas pocas personas se privilegien con la renta de todos los antioqueños y medellinenses.
Y cada día mi convicción se hace más firme, en contribuir con mi crítica al cambio del estado deplorable de cosas, en las que unos dirigentes políticos e industriales, en reprochable contubernio buscan beneficiarse mutuamente, a través de la contratación pública y la contraprestación recíproca de favores.
Hoy nuevas dudas surgen sobre la gestión del Gobernador Fajardo al suscribir contratos de manera directa y sin licitación previa con la empresa de carácter privado Konfirma S.A.S., de la cual son socios la Cámara de Comercio de Medellín y un privado, asignándole tareas propias de la labor misional del Departamento en materia contractual. Se suma esto, a la ya reconocida relación de tiempo atrás, que mantiene el Alcalde Aníbal Gaviria con alguien cercano a su familia, como es el señor Esteban Álvarez, asignándole exóticas funciones del resorte de lo público, sin ser clara su naturaleza de funcionario público, y operando desde una oficina off-shore a la sede administrativa, manejando temas misionales que están en cabeza de órganos administrativos, no para servir a la comunidad, sino para orientar la contratación pública de espaldas a la opinión pública y soslayando todo principio de transparencia y selección objetiva.
Al ver la ocurrencia de actos reprochables como éstos, poco me preocupa aparecer como resentido social, pues así han sido catalogados todos los que por años han luchado por la igualdad de derechos y oportunidades.
Según se lee en Wikipedia, “las características de la inteligencia emocional son: la capacidad de motivarnos a nosotros mismos, de perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de diferir las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales y la capacidad de empatizar y confiar en los demás. El grado de dominio que alcance una persona sobre estas habilidades resulta decisivo para determinar el motivo por el cual ciertos individuos prosperan en la vida mientras que otros, con un nivel intelectual similar, acaban en un callejón sin salida”.
Quizás todo esto sea verdad, pero también es innegable, que es el entorno en que se desenvuelve la persona, el que marca su proceso evolutivo. Leía en alguna parte, que un estudio realizado en Estados Unidos había determinado que en la mayoría de los casos, las personas que lograban triunfar en la vida, provenían de familias y entornos exitosos, o sea que, la superación económica por ejemplo de una persona, se daba en la mayoría de los casos, si provenía de una familia que ya de por sí era rica. Obviamente, con las correspondientes excepciones.
Es explicable entonces, producto de las frustraciones acumuladas a lo largo de nuestras vidas, refiriéndome a quienes vivimos en un país como Colombia, catalogado como uno de los más inequitativos del mundo, con la exclusión social a que se ha sometido la población pobre por las élites ricas dominantes, con una dirigencia política motivada tan sólo en perpetuarse en el poder y enriquecerse a expensas del erario y la corrupción, con la permanente amenaza de muerte por décadas de violencia y criminalidad, que la mayoría de los colombianos experimente pérdida de confianza en sus instituciones y dirigencia, así como tensión por un futuro incierto.
En mi caso particular, reconozco el impacto sicológico y emocional que significó, haber tenido que salir de Medellín desde el año 2009, a buscar opciones laborales en otras ciudades del país, separándome de la familia, por cuenta de la persecución política y exclusión laboral, que los gobiernos de Fajardo, Salazar y Gaviria le aplicaron a todos los que acompañamos a Luis Pérez en su alcaldía y en sus sucesivas aspiraciones políticas.
No sería extraño que para muchos pueda parecer un resentido social, por la posición crítica que he asumido frente a la gestión que estos dirigentes han adelantado en sus administraciones municipal y departamental. Dirán que mis críticas son producto de una persona resentida, que respira por la herida al sentirse maltratada por la sociedad o por la vida en general. Yo en cambio, al contrario, sigo creyendo que mi caso no es ese, sino el ejercicio de una voluntad que no se resigna a ver que unas pocas personas se privilegien con la renta de todos los antioqueños y medellinenses.
Y cada día mi convicción se hace más firme, en contribuir con mi crítica al cambio del estado deplorable de cosas, en las que unos dirigentes políticos e industriales, en reprochable contubernio buscan beneficiarse mutuamente, a través de la contratación pública y la contraprestación recíproca de favores.
Hoy nuevas dudas surgen sobre la gestión del Gobernador Fajardo al suscribir contratos de manera directa y sin licitación previa con la empresa de carácter privado Konfirma S.A.S., de la cual son socios la Cámara de Comercio de Medellín y un privado, asignándole tareas propias de la labor misional del Departamento en materia contractual. Se suma esto, a la ya reconocida relación de tiempo atrás, que mantiene el Alcalde Aníbal Gaviria con alguien cercano a su familia, como es el señor Esteban Álvarez, asignándole exóticas funciones del resorte de lo público, sin ser clara su naturaleza de funcionario público, y operando desde una oficina off-shore a la sede administrativa, manejando temas misionales que están en cabeza de órganos administrativos, no para servir a la comunidad, sino para orientar la contratación pública de espaldas a la opinión pública y soslayando todo principio de transparencia y selección objetiva.
Al ver la ocurrencia de actos reprochables como éstos, poco me preocupa aparecer como resentido social, pues así han sido catalogados todos los que por años han luchado por la igualdad de derechos y oportunidades.
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