Por: César Augusto Hernández Ortiz
Hace cerca unos 18 años cuando irrumpían en algunos países de América del Sur gobiernos de corte socialista, muchos nos alegramos por la llegada de un nuevo oxígeno ideológico al hemisferio que pusiera freno a las políticas neoliberales que “hacían su agosto” asfixiando a los pobres de todas partes y acentuaban la brecha entre ricos y pobres en todos los países. Pensábamos que con los gobiernos de corte socialista en países como Ecuador, Bolivia, Argentina, Brasil, Venezuela y aún Chile, era la oportunidad de la gente, de la distribución de la renta entre todos, de las conquistas laborales y de la economía de los países al servicio del desarrollo más que al crecimiento económico de los mismos. Incluso tolerábamos cierto caudillismo en los gobiernos en aras de las expectativas creadas.
Pero infortunadamente, después de tres lustros de gobiernos socialistas en el hemisferio, el panorama es más desolador que el que se tenía antes. Lo más decepcionante de todo, fue la corrupción en que incurrieron todos esos gobiernos, que como un cáncer hizo metástasis en toda la región, y hoy salvo algunas excepciones, se ven desplomarse como fichas de dominó y cediendo el espacio a gobiernos de derecha. Es decir, los mismos gobiernos socialistas y sus políticas de fracaso, fueron los que en bandeja de plata, entregan ahora a los derechistas el gobierno de sus países.
Es el caso de los Kirchner en Argentina, cuando si bien en un principio Néstor Kirchner logró sacar al país de uno de sus peores momentos históricos tras el colapso económico de 2001-2002, una vez su esposa Cristina asumió el poder, sumió al país en la polarización política, y en conflictos con algunos sectores, como el campo, la prensa y el sindicalismo. Después de doce años de Kirchnerismo, los logros obtenidos al principio en reducir el desempleo y la pobreza, parecieron haber quedado opacados en medio de los conflictos sociales, la inflación y las denuncias, que recaen sobre la saliente presidenta Cristina, de haber enriquecido su patrimonio personal a manos llenas, al tiempo que desplomó la economía interna de argentina, llevando al país a situación de inpago de su deuda pública internacional, y sometiendo al pueblo argentino a altos niveles de privación de elementos básicos. Más fácil no podría haber sido el triunfo del derechista Mauricio Macri, que no obstante no estar exento de reparos a su trayectoria pública, se alzó con la victoria en las elecciones pasadas acabando con el régimen de los Kirchner.
Ni que decir de Brasil, el otrora coloso americano, hoy sometido su gobierno a denuncias de corrupción y con la presidente Dilma aportas de un proceso que le puede llevar a su destitución.
De Venezuela, nada más queda que agregar, como no fuera la experiencia amarga de ver como en tan sólo 17 años se puede acabar con toda la riqueza y economía de un país, por tratar de imponer a la fuerza una ideología y un sistema de gobierno disonante y exótico a la idiosincrasia de su pueblo. A más que dañino y nefasto por sus políticas paternalistas y asistenciales que acabaron con la iniciativa privada y fomentan la pereza laboral. En su pretensión napoleónica el régimen Chavista de Venezuela de exportar el socialismo del siglo XXI al resto del hemisferio, despilfarró todos sus recursos petroleros, y en su relación con Colombia, equivocó su estrategia de interactuar y dar cabida en su territorio a la guerrilla colombiana de las Farc y ELN, con lo cual sus agentes estatales se contagiaron de todos los males que el grupo guerrillero acumuló en su largo trasegar por la desestabilización del Estado Colombiano, como fue el narcotráfico, el secuestro, el hurto, la extorsión y el asocio con la criminalidad.
El común denominador tras la mayoría de gobiernos socialistas en la región, es que los únicos que quedaron ricos fueron sus líderes, familias y amigos, no así el pueblo que tanto los aclamó en su momento.
El caso de Colombia, nos ocupara un espacio aparte en otro momento, pero valga decir que al amparo del conflicto armado que hemos padecido por décadas, la corrupción y la exclusión social y política, nos mantiene situados como uno de los países más inequitativos del orbe.
Como veo yo las cosas, cuando dentro de una democracia, se puedan dar por ciertos períodos alternativos, gobiernos de corte socialista o capitalista, esto no es malo para los países, pues ambas tendencias ideológicas y económicas pueden jalonar desarrollos en aspectos importantes para los países en sus momentos históricos de vigencia. Lo malo ha sido, que sus líderes, han traicionado el momento histórico que han tenido para transformar sus países, e incurrido en los mismos vicios de siempre del hombre, la ambición, el egocentrismo y el amor por el poder, de los cuales no parece querer despojarse desde siempre.
Hace cerca unos 18 años cuando irrumpían en algunos países de América del Sur gobiernos de corte socialista, muchos nos alegramos por la llegada de un nuevo oxígeno ideológico al hemisferio que pusiera freno a las políticas neoliberales que “hacían su agosto” asfixiando a los pobres de todas partes y acentuaban la brecha entre ricos y pobres en todos los países. Pensábamos que con los gobiernos de corte socialista en países como Ecuador, Bolivia, Argentina, Brasil, Venezuela y aún Chile, era la oportunidad de la gente, de la distribución de la renta entre todos, de las conquistas laborales y de la economía de los países al servicio del desarrollo más que al crecimiento económico de los mismos. Incluso tolerábamos cierto caudillismo en los gobiernos en aras de las expectativas creadas.
Pero infortunadamente, después de tres lustros de gobiernos socialistas en el hemisferio, el panorama es más desolador que el que se tenía antes. Lo más decepcionante de todo, fue la corrupción en que incurrieron todos esos gobiernos, que como un cáncer hizo metástasis en toda la región, y hoy salvo algunas excepciones, se ven desplomarse como fichas de dominó y cediendo el espacio a gobiernos de derecha. Es decir, los mismos gobiernos socialistas y sus políticas de fracaso, fueron los que en bandeja de plata, entregan ahora a los derechistas el gobierno de sus países.
Es el caso de los Kirchner en Argentina, cuando si bien en un principio Néstor Kirchner logró sacar al país de uno de sus peores momentos históricos tras el colapso económico de 2001-2002, una vez su esposa Cristina asumió el poder, sumió al país en la polarización política, y en conflictos con algunos sectores, como el campo, la prensa y el sindicalismo. Después de doce años de Kirchnerismo, los logros obtenidos al principio en reducir el desempleo y la pobreza, parecieron haber quedado opacados en medio de los conflictos sociales, la inflación y las denuncias, que recaen sobre la saliente presidenta Cristina, de haber enriquecido su patrimonio personal a manos llenas, al tiempo que desplomó la economía interna de argentina, llevando al país a situación de inpago de su deuda pública internacional, y sometiendo al pueblo argentino a altos niveles de privación de elementos básicos. Más fácil no podría haber sido el triunfo del derechista Mauricio Macri, que no obstante no estar exento de reparos a su trayectoria pública, se alzó con la victoria en las elecciones pasadas acabando con el régimen de los Kirchner.
Ni que decir de Brasil, el otrora coloso americano, hoy sometido su gobierno a denuncias de corrupción y con la presidente Dilma aportas de un proceso que le puede llevar a su destitución.
De Venezuela, nada más queda que agregar, como no fuera la experiencia amarga de ver como en tan sólo 17 años se puede acabar con toda la riqueza y economía de un país, por tratar de imponer a la fuerza una ideología y un sistema de gobierno disonante y exótico a la idiosincrasia de su pueblo. A más que dañino y nefasto por sus políticas paternalistas y asistenciales que acabaron con la iniciativa privada y fomentan la pereza laboral. En su pretensión napoleónica el régimen Chavista de Venezuela de exportar el socialismo del siglo XXI al resto del hemisferio, despilfarró todos sus recursos petroleros, y en su relación con Colombia, equivocó su estrategia de interactuar y dar cabida en su territorio a la guerrilla colombiana de las Farc y ELN, con lo cual sus agentes estatales se contagiaron de todos los males que el grupo guerrillero acumuló en su largo trasegar por la desestabilización del Estado Colombiano, como fue el narcotráfico, el secuestro, el hurto, la extorsión y el asocio con la criminalidad.
El común denominador tras la mayoría de gobiernos socialistas en la región, es que los únicos que quedaron ricos fueron sus líderes, familias y amigos, no así el pueblo que tanto los aclamó en su momento.
El caso de Colombia, nos ocupara un espacio aparte en otro momento, pero valga decir que al amparo del conflicto armado que hemos padecido por décadas, la corrupción y la exclusión social y política, nos mantiene situados como uno de los países más inequitativos del orbe.
Como veo yo las cosas, cuando dentro de una democracia, se puedan dar por ciertos períodos alternativos, gobiernos de corte socialista o capitalista, esto no es malo para los países, pues ambas tendencias ideológicas y económicas pueden jalonar desarrollos en aspectos importantes para los países en sus momentos históricos de vigencia. Lo malo ha sido, que sus líderes, han traicionado el momento histórico que han tenido para transformar sus países, e incurrido en los mismos vicios de siempre del hombre, la ambición, el egocentrismo y el amor por el poder, de los cuales no parece querer despojarse desde siempre.
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