Por César Augusto Hernández Ortiz
El pasado 17 de diciembre se cumplieron 185 años de la muerte de nuestro gran Libertador Simón Bolívar, acaecida aquí en Santa Marta, en la Quinta de San Pedro Alejandrino. No pudieron ser más amargos los últimos días de vida del Libertador, víctima de la ponzoña, la conspiración y la deslealtad de quienes incluso fueron sus amigos, proscrito y dado por traidor en su tierra natal, presa de la enfermedad y abandonado al cuidado de unos pocos, que guiados quizás más por el respeto que sentían hacia él, que por una competencia real en el tratamiento de sus males, poco podían hacer ya por devolverle la salud. Después de muerto, tuvieron que transcurrir doce años para que sus restos mortales fueran reclamados por su patria natal, y por fin llevados a Venezuela y reconocida con honores su gesta patriótica.
Hoy Venezuela, en su bella Constitución, se declara República Bolivariana, irrevocablemente libre e independiente y fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, igualdad, justicia y paz internacional, en la doctrina de Simón Bolívar, el Libertador. Y quizás expiando sus propias culpas históricas por el abandono a que sometieron a su Libertador antes y después de muerto, el mismo Chávez ordenó hace unos años conformar una comisión de científicos para que investigara las causas reales de la muerte del Libertador, motivado por su delirante obsesión de que a Bolívar lo había envenenado la oligarquía colombiana, con Santander a la cabeza. Entiendo que dicha investigación en nada distinto concluyó sobre las causas de su muerte, que no fueran las mismas que por siempre ha registrado la historia, rescatándose tan sólo de la cruzada chavista por revivir la memoria del Libertador, una recreación digital de su rostro que adorna hoy las paredes del despacho presidencial del palacio de Miraflores.
Hace dos años largos vine a trabajar a la bella Santa Marta y puedo decir que la memoria del Libertador vive en medio de los samarios. Cuando se recorre por la Avenida del Paseo Bolívar, los taxistas la reseñan con orgullo como el último recorrido que hizo en vida Simón Bolívar en un coche conducido por caballos. Nunca más salió de la Quinta de San Pedro Alejandrino donde falleció a los pocos días de arribar a la bahía de Santa Marta. Se suponía que el clima y aire fresco de Santa Marta le iban a servir para su salud, pero la enfermedad ya era irreversible.
Hoy sabemos por el acelerado deterioro y desequilibrio ambiental que el hombre viene haciendo de la naturaleza, que en 185 años pudieron cambiar muchas cosas del paisaje natural de la ciudad, hoy la Sierra Nevada de Santa Marta prácticamente ha perdido la mayoría de sus nieves perpetuas, que a lo mejor al arribo de Bolívar hace 185 años eran copiosas. El paisaje natural de la ciudad sin duda era distinto, el río Manzanares corría raudo con sus aguas cristalinas llenas de vida acuática y rica flora y colorido. Hoy su cauce permanece seco la mayor parte del año y su lecho sometido a la explotación de arena. La bahía sin duda hace 185 años debió tener un intenso color azul en su mar, que hoy se encuentra matizado por el gris oscuro producto de la explotación carbonífera.
Pero algunas cosas a lo mejor se mantienen desde entonces, quizás la brisa decembrina que sopla por doquier y el bello azul de sus cielos despejados. El sol que alumbra casi sin falta cada mañana sobre la bahía y sus montañas. Me place imaginar que el Gran Libertador Simón Bolívar, así haya sido en sus últimos días de vida, pudiera apreciar la misma belleza del paisaje que hoy vemos cada día. Incluso para mi asombro y maravilla, hace unos días, tras unas fuertes pero esporádicas lluvias, vi nuevamente correr agua en el Manzanares y en su lecho renacer la vida con bellos pececitos, como un mensaje para todos de que todavía estamos a tiempo de su recuperación.
Así como a mi natal Medellín, el destino condujo a Carlos Gardel para que muriera en su suelo hace 80 años, naciendo desde entonces la ciudad del tango para Colombia, igual Santa Marta es la ciudad bolivariana por excelencia, y la recuperación de su hermoso paisaje natural es una obligación que asiste a todos por igual, para conservar intacto el mausoleo natural del Libertador.
El pasado 17 de diciembre se cumplieron 185 años de la muerte de nuestro gran Libertador Simón Bolívar, acaecida aquí en Santa Marta, en la Quinta de San Pedro Alejandrino. No pudieron ser más amargos los últimos días de vida del Libertador, víctima de la ponzoña, la conspiración y la deslealtad de quienes incluso fueron sus amigos, proscrito y dado por traidor en su tierra natal, presa de la enfermedad y abandonado al cuidado de unos pocos, que guiados quizás más por el respeto que sentían hacia él, que por una competencia real en el tratamiento de sus males, poco podían hacer ya por devolverle la salud. Después de muerto, tuvieron que transcurrir doce años para que sus restos mortales fueran reclamados por su patria natal, y por fin llevados a Venezuela y reconocida con honores su gesta patriótica.
Hoy Venezuela, en su bella Constitución, se declara República Bolivariana, irrevocablemente libre e independiente y fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, igualdad, justicia y paz internacional, en la doctrina de Simón Bolívar, el Libertador. Y quizás expiando sus propias culpas históricas por el abandono a que sometieron a su Libertador antes y después de muerto, el mismo Chávez ordenó hace unos años conformar una comisión de científicos para que investigara las causas reales de la muerte del Libertador, motivado por su delirante obsesión de que a Bolívar lo había envenenado la oligarquía colombiana, con Santander a la cabeza. Entiendo que dicha investigación en nada distinto concluyó sobre las causas de su muerte, que no fueran las mismas que por siempre ha registrado la historia, rescatándose tan sólo de la cruzada chavista por revivir la memoria del Libertador, una recreación digital de su rostro que adorna hoy las paredes del despacho presidencial del palacio de Miraflores.
Hace dos años largos vine a trabajar a la bella Santa Marta y puedo decir que la memoria del Libertador vive en medio de los samarios. Cuando se recorre por la Avenida del Paseo Bolívar, los taxistas la reseñan con orgullo como el último recorrido que hizo en vida Simón Bolívar en un coche conducido por caballos. Nunca más salió de la Quinta de San Pedro Alejandrino donde falleció a los pocos días de arribar a la bahía de Santa Marta. Se suponía que el clima y aire fresco de Santa Marta le iban a servir para su salud, pero la enfermedad ya era irreversible.
Hoy sabemos por el acelerado deterioro y desequilibrio ambiental que el hombre viene haciendo de la naturaleza, que en 185 años pudieron cambiar muchas cosas del paisaje natural de la ciudad, hoy la Sierra Nevada de Santa Marta prácticamente ha perdido la mayoría de sus nieves perpetuas, que a lo mejor al arribo de Bolívar hace 185 años eran copiosas. El paisaje natural de la ciudad sin duda era distinto, el río Manzanares corría raudo con sus aguas cristalinas llenas de vida acuática y rica flora y colorido. Hoy su cauce permanece seco la mayor parte del año y su lecho sometido a la explotación de arena. La bahía sin duda hace 185 años debió tener un intenso color azul en su mar, que hoy se encuentra matizado por el gris oscuro producto de la explotación carbonífera.
Pero algunas cosas a lo mejor se mantienen desde entonces, quizás la brisa decembrina que sopla por doquier y el bello azul de sus cielos despejados. El sol que alumbra casi sin falta cada mañana sobre la bahía y sus montañas. Me place imaginar que el Gran Libertador Simón Bolívar, así haya sido en sus últimos días de vida, pudiera apreciar la misma belleza del paisaje que hoy vemos cada día. Incluso para mi asombro y maravilla, hace unos días, tras unas fuertes pero esporádicas lluvias, vi nuevamente correr agua en el Manzanares y en su lecho renacer la vida con bellos pececitos, como un mensaje para todos de que todavía estamos a tiempo de su recuperación.
Así como a mi natal Medellín, el destino condujo a Carlos Gardel para que muriera en su suelo hace 80 años, naciendo desde entonces la ciudad del tango para Colombia, igual Santa Marta es la ciudad bolivariana por excelencia, y la recuperación de su hermoso paisaje natural es una obligación que asiste a todos por igual, para conservar intacto el mausoleo natural del Libertador.
Comentarios
Publicar un comentario