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ACUERDO DE LA HABANA NO PUEDE SER IMPUESTO A FUERZA DE MAYORÍAS

En verdad que por estos días el Partido Liberal Colombiano entró en el desespero. O quizás será mejor decir, sus dirigentes tradicionales, el ex vicepresidente César Gaviria y el tres veces candidato presidencial y hoy Senador y codirector del partido Horacio Serpa Uribe, quienes han salido con manifestaciones desafortunadas en torno al rol que juega la colectividad dentro de la Mesa de Unidad Nacional que apoya al Gobierno del Presidente Santos, y con ácidas críticas al Vicepresidente Germán Vargas Lleras, todo inducido por la indisposición causada por la reconformación del gabinete ministerial hecho por el presidente Juan Manuel Santos, donde la verdad sea dicho de paso, se equivoca el Presidente al afirmar que la Canciller María Ángela Holguín, el Mindefensa Luis Carlos Villegas y el Minsalud Alejandro Gaviria, son cuotas representativas del Partido Liberal dentro del actual Gobierno.

Se ha quejado el Partido Liberal de la tolerancia que el Presidente mantiene con el Vice Germán Vargas, a quien acusan de hacer política desde el cargo en favor de su aspiración a la presidencia en las elecciones del 2018, mientras que pasa de agache en los temas que generan desgaste político como es el proceso de negociación con las Farc, en torno a lo cual el Vice ha mantenido absoluto silencio, en momentos coyunturales en que toda la institucionalidad estatal y los partidos políticos se juegan a fondo por sacar adelante los diálogos de paz, y cuando la oposición encabezada por el expresidente Álvaro Uribe arrecia con sus ataques y cuestionamientos, y promueve a nivel nacional un movimiento de resistencia civil en contra del proceso. No les falta la razón y sería bueno que el país supiera a qué juega el Vicepresidente Germán Vargas Lleras con su pasividad y parquedad en torno a los diálogos de la Habana.

Tanto el Partido Liberal, como el Conservador, y aún el mismo Partido de la U, manifiestan que tendrán candidatos para la presidencia, y en ese sentido cuestionan el protagonismo que ha acumulado el seguro candidato presidencial Germán Vargas Lleras, con el aparente beneplácito del Presidente Santos. Pero olvidan que el asunto no se trata de poner candidatos sino de ver con qué líderes cuentan que puedan asegurar una candidatura con posibilidades de triunfo, y sobre todo, y esto es fundamental, que sea la persona idónea para unir al país entero, hoy polarizado por la confrontación entre Santos y Uribe, que tiene al país dividido entre los partidarios del proceso de diálogos de la Habana con las Farc y los que se oponen a estos, por considerar que constituyen una rendición a la guerrilla y al terrorismo.

El Presidente Juan Manuel Santos ha logrado recoger un apoyo importante a nivel internacional en favor de los Diálogos de Paz en la Habana con las Farc, y eso es importante para el éxito del proceso, sin embargo, tiene dificultades para lograr un consenso nacional, y por el reciente llamado que hace Álvaro Uribe Vélez a sus seguidores para mantener una permanente resistencia civil en oposición al proceso, difícilmente se prevé que el gobierno logre el consenso requerido para dar legitimidad al proceso, pues la paz no es sólo un asunto de mayorías mecánicas que arroje una votación de un plebiscito, sino un valor producto de un acuerdo de todo un país que manifiestamente se exprese en favor de las bondades del proceso.

Mal antecedente significaría para el posconflicto, que pondría en riesgo incluso los acuerdos a que se llegue, si el Presidente Juan Manuel Santos permite que se suscriba un acuerdo con las Farc, habiendo vastos sectores de la población que se consideren derrotados políticamente, o que sus opiniones nos fueron tenidas en cuenta dentro del acuerdo suscrito. Incluso, aun siendo un querer de todos los colombianos que se logre la paz, queda el sinsabor de que el Gobierno haya permitido que no más de diez o quince jefes guerrilleros, con comprobada participación en la comisión de actos criminales de lesa humanidad, hayan terminado imponiendo su interés personal, que no revolucionario, de no pagar un solo día de cárcel, cuando cientos de soldados y militares hoy pagan años de cárcel por actos cometidos, reprochables sí, pero en todo caso, actos que probablemente no se hubieran cometido de no existir el conflicto, pues fueron producto de la misma degradación que se dio en nuestro país, en la institucionalidad, y en la misma sociedad, al vivir más de cincuenta años en medio del conflicto, que truncaron nuestros valores como nación, y nos convirtieron a todos, en cierta forma, unos por acción y otros por omisión, en mercenarios de nuestros propios intereses.

Es por todo ello, que no nos podemos dar el lujo de dejar por fuera a nadie, dentro del nuevo acuerdo que se anuncia con las Farc, ni tampoco dejar que figuras representativas del alto Gobierno, como es el Vicepresidente, pasen de convidados de piedra en el propósito mas caro a que el gobierno del Presidente Santos se comprometió, desde su mismo discurso inicial de posesión. Nadie puede considerarse excluido de su obligación de trabajar por la paz de Colombia, y menos un Vicepresidente, pero tampoco, puede llegarse al extremo de imponer un acuerdo por la fuerza. Así sea producto de una votación de mayorías.

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