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EL PERIÓDICO EL MUNDO SIEMPRE EXTENDIENDO EXONERACIONES POLÍTICAS DE RESPONSABILIDAD PÚBLICA

Por:
César Augusto Hernández Ortiz

Pobre mensaje para la ciudad de Medellín que en el Editorial del periódico EL MUNDO del día de hoy, titulado “Dictamen fiscal sobre el incendio de Guatapé”, se extienda parte de tranquilidad por el periódico sobre las presuntas responsabilidades que pudieron tener en EPM, por los daños ocurridos por el incendio en la central hidroeléctrica de Guatapé. Constituye el Informe de la Contraloría de Medellín nimio soporte de salvaguarda para la tranquilidad espiritual del acostumbrado editorialista político, que sin más, exonera a EPM de responsabilidad alguna en la pérdida de 693.000 millones de pesos, por haber dejado de generar energía entre los meses de febrero y mayo y por los costos de reparación del daño. Nuevamente como en el pasado con Orbitel, nadie responderá ni siquiera políticamente por los daños patrimoniales infringidos a la empresa.

Primera vez en mi vida que me encuentro ante el exótico fallo de un ente de control fiscal absteniéndose de adelantar acción alguna, bajo el ridículo argumento de que se trató de un error de interpretación distinta sobre un mismo concepto técnico "normalizar el sistema", por dos actores distintos encargados de interactuar juntos en el mantenimiento de la central.

Se extiende a tal punto la osadía del periódico El Mundo en su Editorial, que ahora pretende buscar el ahogado aguas arriba, diciendo: “Superadas, pues, las dudas infundadas sobre la gestión empresarial de EPM durante los anteriores gobiernos de Medellín, toman mayor fuerza preguntas a instituciones como el CTI de la Fiscalía, que fácilmente se sumó a presunciones sobre el dolo en el evento, pero también a los responsables actuales de la gestión empresarial. Ellos están llamados a explicar al Concejo de Medellín, representante legítimo del dueño de la empresa, y a los órganos de control, si fuere del caso, qué acciones han tomado para exigir a Isagén, principal beneficiaria, y al Gobierno Nacional, mandante de la actuación, el pago de los recursos invertidos para salvar la difícil situación del sector eléctrico. Y es que la generosidad de EPM permitió salvar al país de dificultades por la gestión del recurso hídrico, el abusivo manejo de Termocandelaria y Termovalle, y, como lamentables puntos finales, los daños accidentales en Termoflores y Guatapé. Es desproporcionado que una empresa responsable y cuidadosa pague la imprevisión del regulador y los desmanes de quienes desviaron los recursos del cargo de confiabilidad”.

Nada más sensato y pertinentes son las palabras que sobre el mismo editorial le dirigió en la sección de comentarios de su página web un lector, quien infortunadamente sólo se autodenomina como Juan: “Con el debido respeto a la tradición de su periódico, me permito discrepar en dos aspectos de su editorial del día de hoy. 1) El agua no es de EPM. Lo que EPM tiene, al igual que ISAGEN, es una concesión de aguas, las cuales, por Constitución, son un recurso natural, propiedad de la nación. Ya en el pasado EPM ha perdido esa pelea ante la justicia, varias veces. Por el contrario, EPM es responsable directo de haber afectado las concesiones de otros, por impedir el flujo normal de agua debido a un daño en sus instalaciones. Se deben dar por bien servidos si ISAGEN no los demanda. 2) Conozco de primera mano la Central Guatapé. Mi padre participó en su construcción y yo personalmente en su modernización. Tal vez pudieron engañar a los investigadores, quienes por ignorancia se comieron un cuento reforzado sobre imprevisibilidad y exculparon de responsabilidad a EPM por el daño, pero lo que pasó solo pudo pasar si, por negligencia, el sistema contra incendio que debía prevenir un incendio generalizado en el túnel de cables, no se encontraba en servicio. Un conato de incedio es un accidente, pero el incendio simultáneo de los cuatro circuitos en 400 metros solo puede ser resultado de negligencia criminal”.

Más claro no canta un gallo.

No por siempre la verdad permanece oculta a la vista de la opinión pública, y dado que en la realidad material de los negocios y la gestión empresarial, todo se mide es con dinero, sólo los que al final les toque pagar con plata por los yerros cometidos, tendrán que dar testimonio y justificación de dicho detrimento patrimonial, pues ninguna firma aseguradora reconocerá “con gusto”, cerca de $483.000 millones, si le asisten inquietudes frente a la pertinencia de dicha indemnización, y sólo así podrán decantarse las responsabilidades reales por este nuevo daño al patrimonio de la empresa de todos los medellinenses.


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