Por:
César Augusto Hernández Ortiz.
Esta fue una semana de vértigo
para Colombia, apoteósica, de aquellas donde se suceden hechos vertiginosos que
cambian paradigmas, que marcan momentos y cambian la historia para muchos. Como
tal, en estos siete días, con ocasión de los acontecimientos acaecidos muchos
pasaron de la gloria y la felicidad a la desolación y la tristeza, otros de la
incertidumbre al triunfo personal y político. Pero también hay que decir, que esta
montaña rusa de emociones y sentimientos que vivimos, en la que todos hicimos catarsis,
evidenció aún más la divergencia que pervive entre nosotros y afloró de nuevo entre los
colombianos sentimientos de todo tipo, tanto de tolerancia como de
intolerancia, tanto de amor como de odio, de felicidad como de frustración, y
todo debido, a la polarización reinante en el país en torno a la forma en que cada
cual cree se deben resolver nuestros conflictos y problemas de convivencia.
Fue mayúscula la sorpresa del
mundo entero que incrédulo observaba como un país optaba mediante un plebiscito
rechazar un acuerdo entre el Estado y la guerrilla de las Farc, que busca
resolver un conflicto bélico de sesenta años de horrendas historias que ha
dejado cientos de miles de muertes y millones de desplazados. No se comprendía cómo,
si en todos los países del mundo que sufren guerras civiles es precisamente la sociedad
civil en pleno la que presiona a las partes por un arreglo negociado de las confrontaciones, en
Colombia se da lo contrario y su sociedad se haya dividida. Pero es que el mundo ignora la idiosincrasia del
hombre colombiano. Cerca de cuarenta y cinco millones de personas que aunque
sufren por lo mismo, su respuesta a los males endémicos que padecemos pasa entre
la indiferencia y abstención del más del 60% de la población, hasta unas
minorías que se consideran con derecho para opinar y decidir por otros y sobre
cualquier cosa, así no sean los directos afectados. Esa es la historia de la
democracia más antigua de América, de la cual incluso se precia con orgullo
nuestra dirigencia política.
Todos reafirmamos con convicción tras
el plebiscito querer la paz para Colombia, tanto los que votaron a favor del
acuerdo como los que no, pero lo cierto es que algunos anteponen unos
presupuestos que más que condiciones realizables son inamovibles que cercenan
de tajo cualquier acercamiento a negociación alguna. Qué podría acaso yo responderle
al taxista que me conducía al puesto de votación el pasado domingo en que con
esperanza me dirigía a votar por él SI, si él quizás con sus propias razones
personales, había sido un militar, me increpaba y opinaba que la única solución era matar a
todos los guerrilleros?
Adolecemos además de contar con unos
dirigentes políticos incendiarios y revanchistas que sólo ven a través de una
óptica: vencedores y vencidos, nada de construcción colectiva, y esa
perspectiva con que dirimen sus riñas políticas se la transmiten al pueblo
apelando a cualquier estrategia mediática, populista y aún con mentiras. Lo
vimos esta semana con las afirmaciones del Gerente de la Campaña del NO, Juan
Carlos Vélez Uribe, y que puestas en evidencia ante la opinión pública le han
conducido a pedir perdón y renunciar a su partido Centro Democrático. Sin
embargo, tampoco los del SI tienen autoridad moral para querer acabarlo como político
o persona porque son hechura de lo mismo. Hoy la coyuntura los tiene en bandos
rivales, pero sí este país anda polarizado, es por pirómanos de la retórica
como Claudia López, Horacio Serpa, Armando Benedetti, César Gaviria, Roy
Barreras, Álvaro Uribe y tantos otros.
Hoy Colombia esta conminada a
unir sus mejores inteligencias para que entre todos busquemos sacar adelante el
Acuerdo de Paz con las Farc en la forma que a la mayoría de colombianos les
convenga y les una en torno a concebir un futuro mejor para todos.
El Dr. Juan Carlos Vélez se
equivocó en sus afirmaciones, pero me niego a creer que la mayoría de los del
NO, no hayan votado por convicción, y en ese sentido, tampoco le debe caer todo
el mundo encima, más por un oportunismo político que por ánimo constructivo.
Al final de la semana, el mundo
civilizado ha reconocido al señor Presidente Juan Manuel Santos con el Premio
Nobel de la Paz, por su esfuerzo decidido en procura de la paz, será que ese
hecho histórico para Colombia será también objeto de polémicas mediáticas y comida
para los carroñeros?
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