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QUE NADIE ENSEÑE AL ALCALDE FEDERICO GUTIÉRREZ QUÉ HACER CONTRA CRIMINALIDAD

Por:
César Augusto Hernández Ortiz.

El fenómeno de la delincuencia y la criminalidad en Medellín son efecto de diversas causas y problemas que no son necesario re-diagnosticar en este escrito. Digamos en gracia de discusión, que todas las administraciones municipales han tenido claridad sobre los factores perturbadores que detonan y disparan por épocas los índices de la violencia y la inseguridad en Medellín. Incluso han coincidido, con ciertas mínimas variantes, en las estrategias que se deben implementar para apaciguar los brotes de violencia y los homicidios, y generar una percepción general de que se va ganando la batalla contra la criminalidad y la delincuencia, arraigadas desde hace años en nuestra querida metrópoli, como un legado maldito del narcotráfico.

Lo que sí ha variado de una administración a otra en Medellín,  es el grado de compromiso con que algunos Alcaldes han combatido en sus administraciones la criminalidad, en el sentido de querer acabar de raíz sus estructuras económicas y capturar a sus cabecillas, así como perseguir a quienes les sirven de estafetas en la legalidad, y quienes les contemporizan y patrocinan con actos de corrupción dentro de las mismas instituciones de seguridad, como la Policía y la Fiscalía. Es aquí donde siendo justos, no se le puede caer encima con toda la crítica mediática al Alcalde Federico Gutiérrez, quien siempre ha mostrado una actitud de guerra frontal contra la criminalidad, aunque los resultados de las estrategias de seguridad no hayan arrojado aún los resultados que todos esperamos en favor de la seguridad de la ciudad y de sus gentes.

Inmoral resulta por demás, que su antecesor, después de vacacionar por fuera del país durante un año, venga ahora a condolerse con la ciudad, mediante una solidaridad falaz que más que evidenciar una real preocupación por la suerte de sus conciudadanos, lo que evidencia es su interés mezquino de hacer comparaciones con los maquillados indicadores de su administración en seguridad, con los cuales se pavoneó durante todo su gobierno e inscribió en cuanto reality encontró a nivel internacional, para hacer ver una supuesta transformación social de Medellín, que más que producto de haber cogido el toro de la criminalidad por los cuernos, y acabar el mal de raíz, obedecía a la percepción falsa de tranquilidad que siempre impera cuando se tiene una política de cogerla suave contra la criminalidad y pensar más en mecanismos tecnológicos de prevención general del delito, y no desgastarse políticamente pisando muchos callos, incluso dentro de las mismas instituciones de la Policía y la Fiscalía, permaneciendo indolente al clamor ciudadano que denunciaba con conocimientos de causa la infiltración de bandas criminales en estos organismos del Estado, para desdicha de las víctimas de la criminalidad.

No digo que haya que esperar todo el tiempo a Federico Gutiérrez por los resultados de su política en seguridad, pero sí es necesario poner claridad en que ha sido el único que ha manifestado voluntad en perseguir el crimen esté donde esté, incluso sí es dentro de la misma Policía, la Fiscalía o en la Administración municipal. Y obviamente eso, lo que implica es que al igual que como cuando se patea un nido de ratas, todas salen en diáspora tras lo suyo y protegiéndose como a bien tengan. No en vano, después de muchos años de no ocurrir en esta ciudad, ha sido Federico el único Alcalde que en Colombia ha resultado ser objeto de un plan macabro para atentar contra su integridad, por parte de las fuerzas oscuras de la criminalidad.


Además, por su reconocido compromiso de estar siempre de cara a la gente de la ciudad, en permanente recorrido por sus calles y hablando con la comunidad, en tanto otros siempre posaron de reyes desde el olimpo del piso doce de la alcaldía, es el único con autoridad moral para concitar el apoyo de la gente buena de la ciudad, para que con sus denuncias, se puedan visibilizar los hijos malos de Medellín y proceder a sus capturas y enjuiciamientos.

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