Por:
César Augusto Hernández Ortiz
Ingeniero Civil
Con la reciente declaración de alerta roja por contaminación ambiental en Medellín que obligó a implementar la
medida del pico y placa ambiental con seis dígitos, lo cual condujo a muchos
usuarios de vehículos a utilizar como medio de transporte el Metro de Medellín,
confieso que me volvieron a acechar los fantasmas de la duda sobre la real
capacidad del sistema Metro para atender este tipo de contingencias, al menos,
con la calidad del servicio requerida. Pues no es excusa aducir que todos los
metros del mundo soportan apretones de la gente y pérdida de tiempo en las
horas pico, para justificar que los usuarios padezcan las congestiones y caos
que se viven en las plataformas y estaciones cada vez con mayor frecuencia.
Y aunque ya el interrogante ¿Hasta
cuándo aguantará la capacidad del metro de Medellín? fue respondido por la
gente del metro y por expertos en transporte, sobre lo cual el periódico El
Colombiano dio cuenta en informe publicado el día 01 de septiembre de 2015:
“Las congestiones en las plataformas, los apretones para ingresar en
las horas pico y algunas fallas en los momentos más inoportunos, han hecho
preguntarse a más de un paisa, ¿hasta cuándo tendrá capacidad el metro?
¿Llegará un día al colapso?
Pues la respuesta casi rotunda es no, según expertos en transporte y
funcionarios.
El metro moviliza hoy en día un número aproximado de 530.000 pasajeros
por día (811.000 sumando metroplús y cables), según la Encuesta Origen-Destino
realizada por la Universidad Nacional, sede Medellín y que analiza la movilidad
de la región, con una flota de 55 trenes-tres vagones por tren para 165
unidades- y una frecuencia de un tren llegando a estación cada 3,30 minutos en
hora pico.
Según su gerente, Claudia Restrepo Montoya, en términos de capacidad de
pasajeros no se puede hablar de un año específico para que el metro llegue a su
máxima utilidad. “El punto crítico está en la infraestructura. ¿La línea hasta
dónde está construida y cuándo se llena de trenes?”.
Según lo dicho en su momento
entonces, los factores críticos que generan mayor riesgo en la operatividad del metro son la presión que se
tiene sobre la Línea férrea A, la cual por constituir la columna vertebral del
sistema cualquier contingencia que sobre su largo trayecto se presente genera
amplio impacto en la operación de todo el sistema. Situación que ya la hemos padecido
en variadas ocasiones. Esto obliga por tanto a ir pensando en un desfogue por otra línea
férrea alterna que se construya y que sólo comunique con ciertas estaciones de mayor destino. El otro aspecto
crítico es que no obstante teniendo capacidad la infraestructura para albergar
más trenes, y con ello reducir la frecuencia a tren en estación/hora pico a cada
2,5 minutos por ejemplo, pues en la actualidad está en 3,5; esto no resulta fácil por
los costos y tiempos de consecución para atender una problemática que ya se nos
vino encima. Recordemos que desde el 2015 se informó la compra de 28 vagones y
aún estos no entran en operación.
Hablo de los costos como
problema, por cuanto la compra de estos vagones le han implicado al Metro
adquirir empréstitos para operación con la banca privada interna, concretamente,
primero con Bancolombia, al cual se le deben 135.000 millones de pesos por
compra de trenes, extensión al sur y recaudo de metroplús. Deuda que se paga
con los recursos de la caja del Metro, es decir, de su tesorería. Y adicionalmente,
en septiembre de 2015, con el Grupo Aval en una nueva deuda de operación por
$275.000 millones para comprar los trenes anunciados. En conclusión, esta es una
inversión que difícilmente se puede sostener a futuro al ritmo de las
necesidades que demanda mantener una calidad del servicio tipo Nivel C, cuando
en horas pico, creo no equivocarme, ya estamos registrando el nivel más bajo
que es el F.
A esto se suma el riesgo
materializado ya en amenaza sobre el pago de la deuda pública del Metro a la
Nación, cuando en días recientes al Ministerio de Minas y Energía se le antojó
variar la metodología del recaudo de la sobretasa a la gasolina, con lo cual se
afectaba la renta principal con la cual el Departamento de Antioquia y el
Municipio de Medellín vienen pagando la deuda del Metro de Medellín, que hasta
ahora nos obliga a ir con dicho compromiso hasta el año 2057. Aun cuando
afortunadamente por el momento tal amenaza se superó, persiste el riesgo de
futuros embates por parte de ministros no amigos de Antioquia, que nos obliga
estar alertas.
Por ahora, la solución que parece más viable para aumentar la capacidad
del Metro a unas condiciones que garanticen la calidad que merecen los usuarios
de Medellín y el área metropolitana, es continuar con la estrategia de comprar
más trenes.
Ahora sabemos con certeza que la problemática ambiental de la ciudad será
un detonante recurrente que obligará acudir al Metro de Medellín como tabla de
salvación para atender la movilidad en la región. Para ello, se hace
imprescindible acudir sin restricción alguna a la aplicación del viejo aforismo
de la sostenibilidad ambiental que reza
“EL QUE CONTAMINA PAGA”, y sin miramientos, el Área Metropolitana debe
cobrar al sector empresarial e industrial los contaminantes expulsados por
fuentes fijas, lo mismo que a los transportadores que ocasionan la
contaminación por fuentes móviles, y que los recursos recaudados se capitalicen
al sistema de transporte público para la compra de vagones para mejorar el
servicio del Metro de Medellín a corto y mediano plazo.
Ojalá el Área Metropolitana pueda responder positivamente a la aplicación de la medida solicitada, pues de evidenciar incapacidad para implementar una medida que más que soporte jurídico lo que requiere es voluntad política, habrá que pensar en promover una iniciativa encaminada a establecer como hecho metropolitano la necesidad de adquirir los trenes que el Metro hoy requiere para operar con eficiencia y que se financien con cargo a la sobretasa ambiental que todos los contribuyentes pagamos en el impuesto predial y que hoy se destinan para funcionamiento del Área Metropolitana.
Ojalá el Área Metropolitana pueda responder positivamente a la aplicación de la medida solicitada, pues de evidenciar incapacidad para implementar una medida que más que soporte jurídico lo que requiere es voluntad política, habrá que pensar en promover una iniciativa encaminada a establecer como hecho metropolitano la necesidad de adquirir los trenes que el Metro hoy requiere para operar con eficiencia y que se financien con cargo a la sobretasa ambiental que todos los contribuyentes pagamos en el impuesto predial y que hoy se destinan para funcionamiento del Área Metropolitana.

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