Por
César Hernández Ortiz
Ingeniero Civil
Apelando a la vieja teoría de Einstein de que todo es relativo, en el caso
del concepto de verdad, me sentía satisfecho al pensar que cada persona tenía
su propia verdad, y sobre ese postulado cimentaba gran parte de mi forma de
relacionarme e interactuar con las demás personas. Las escuchaba hablar y
trataba de respetar sus opiniones, en el entendido de que eran producto de sus
propias vivencias y experiencias. Incluso para argumentarme en ese modo de proceder
frente al respeto que debía tener por lo que cada quien consideraba su propia
verdad, me apoyaba en las palabras que alguna vez le escuché al Doctor Ramiro
Valencia Cossio, reconocido conferencista de amplia audiencia sobre estos
temas.
Preguntaba el Doctor valencia en su presentación a los asistentes, cuál
verdad era la objetivamente correcta en la idéntica experiencia vivida, mediante la
cual diferentes sujetos por diversos medios de que estaban dotados, se percataban de la existencia de un ser vivo dentro de un espacio? La más familiar para
nosotros como seres humanos, consiste en percibir la presencia de una persona
dentro de un espacio, tan sólo mediante la percepción que de tal hecho perciben
nuestros sentidos, en este caso la vista o el oído. Para un murciélago en
cambio, que no puede ver, la existencia de esta persona próxima la percibirá a
través del sistema de radar que utiliza a través de los chillidos que emana. Una
serpiente en cambio, lo percibirá a través del calor que emana el cuerpo de la
persona que está cercana. Y para otros animales, la presencia de un hombre cercano
será percibida por el reconocimiento del olor que expele su cuerpo.
La pregunta es, por tanto: ¿Cuál de estas verdades es correcta según un
observador desprevenido que observa el hecho objetivamente desde cierta
distancia? La respuesta no podrá ser distinta que aquella que reafirma que
todos los sujetos enunciados hacen manifestación de la verdad. Ningún ser humano
podrá afirmar entonces que la suya, es la verdad “verdadera” en la forma en que percibe la presencia de un ser
viviente a su lado.
Sin embargo, ya hoy en el mundo las personas no ven la verdad así. Ha
irrumpido el fenómeno de la POSVERDAD o MENTIRA EMOTIVA, que ahora pone en riesgo mi seguridad inicial sobre las opiniones de los demás.
Según la enciclopedia libre Wikipedia de internet, esta consiste en “un neologismo que describe la situación en
la cual, a la hora de crear y modelar opinión pública, los hechos objetivos
tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias
personales. En cultura política, se denomina política de la posverdad (o
política posfactual) a aquella en el que el debate se enmarca en apelaciones a
emociones desconectándose de los detalles de la política pública y por la
reiterada afirmación de puntos de discusión en los cuales las réplicas fácticas
-los hechos- son ignoradas. La posverdad difiere de la tradicional disputa en la falsificación de la verdad, dándole una importancia "secundaria". Se
resume como la idea en “el que algo que aparente ser verdad es más importante que
la propia verdad”. Para algunos autores la posverdad es sencillamente mentira,
estafa o falsedad encubiertas con el término políticamente correcto de
posverdad que ocultaría la tradicional propaganda política y el eufemismo de
las relaciones públicas y la comunicación estratégica como instrumentos de
manipulación y propaganda”(sic).
Aplicando la política de la posverdad, es que en los últimos meses se han
dado en el mundo fenómenos inexplicables en los cuales, grupos políticos, en
ocasiones minoritarios, han logrado voltear la opinión pública y obtener el
triunfo electoral de tesis políticas o decisiones trascendentales para los
países, que al mirarse desde una lógica objetiva parecieran ir en contravía del
deber ser de un desarrollo progresivo de la humanidad y de la lógica que subyace
en la deseable integración de los estados (p. ej. Brexit en Reino Unido y triunfo de Trump en USA).
En Colombia lo vimos recientemente con el Plebiscito en el que se votó por el Acuerdo de Paz con las Farc, en el que ganó el NO al acuerdo, constituyendo una presunta contradicción al clamor nacional por la paz.
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