Por:
César Augusto Hernández Ortiz
Ingeniero Civil
Desde hace
algunos años el Dr. Sergio Fajardo me bloqueó el acceso a su twitter. Lo mismo
hizo su amigo y socio político Alonso Salazar. Es un derecho del que gozan y en
ese sentido nunca he manifestado contrariedad alguna por ese hecho. Aunque si
me hice en su momento la pregunta si realmente había sobrepasado el límite de críticas
hechas a ambos, que pudiesen haber traspasado su capacidad de tolerancia.
Siempre consideré que si bien durante el desempeño de Fajardo como alcalde de
Medellín y gobernador de Antioquia, y Salazar como alcalde de Medellín, fueron
objeto de mis críticas, al menos traté de hacerlas con respeto por la persona.
Pero bien pudieron ellos no verlo así, lo cual es entendible.
Aunque las
críticas que siempre les realicé a ambos se enfocaron sobre hechos puntuales durante
su gestión pública como mandatarios locales, sí debo reconocer que en el trasfondo
bien pudiese haber albergado hacia ellos una cierta animadversión personal, como
reacción a la forma soberbia y ofensiva con que siempre se dirigían hacia la clase
política antioqueña en general, tratándola, en el caso de fajardo, como “ratas
de alcantarilla”.
Además del trato
ofensivo que siempre ambos prodigaron a todos los políticos y funcionarios
públicos que ocuparon cargos en las administraciones municipal y departamental
antes de su llegada a dichos cargos, graduándolos a todos por igual de
corruptos, me resultaba intolerable que se prodigaran así mismos, como los
adalides de la moral pública y ser los únicos representantes idóneos de la
transparencia en la función administrativa.
Ya con el paso
del tiempo en ejercicio del poder del “Fajardismo” por doce años ininterrumpidos, lo cual
sin distingo de partidos políticos o personas desgasta a todos por igual,
fueron aflorando durante los gobiernos de ambos, si no actos de corrupción de
los que pueda yo dar fe, si numerosos errores de gestión que siempre les puse
de manifiesto, y que a la postre devinieron en daño patrimonial para el erario, desvirtuando de tajo su cacareada frase de que en su gobierno "no se perdía un peso", y consecuencialmente, conduciendo a sanciones disciplinarias para funcionarios de
sus gobiernos, que no son del caso mencionar aquí, pero que fueron de
conocimiento público.
Quizás por ello
no fue gratuito que me hayan bloqueado en el twitter, pues como bien decía mi
madre, “A nadie le gusta que le digan la verdad”. Sin embargo, debo reconocer
que nunca he tratado de corrupto a Fajardo, ni a Salazar, como sí lo han hecho
ellos sin fundamento alguno, en referencia a los que ocupamos cargos públicos
antes de su augusta irrupción a la política, para gloria de Colombia.
Hoy el Dr.
Sergio Fajardo se encuentra aspirando a la Presidencia de la República, debo decir
de paso, con sobrados méritos, y recogiendo un clamor nacional que es el
rechazo a la corrupción que nos desangra como país. Podría decirse que nunca
como ahora tiene una gran posibilidad de alcanzar su meta. Pero, valdría la
pena que examinara su actitud frente al país y la sociedad, pues si antes como alcalde
o gobernador no le pareció importante, tratándose de una nación, no debe fomentar la confrontación política a partir de un debate inocuo sobre buenos y malos, honestos o corruptos. Pues,
aunque como antes, insista en afirmar que practica la decencia para hacer política, la
verdad es que su actitud muestra lo contrario.
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