Por:
César Augusto Hernández Ortiz
Ingeniero Civil
El caso del
encarcelamiento dictado por un juez al candidato a la presidencia de Colombia
Carlos Caicedo, exalcalde de Santa Marta, lo mismo que al alcalde actual, aunque suspendido, Rafael
Martínez, por presuntas irregularidades cometidas en materia contractual durante el
desempeño de sus cargos, realmente lo pone a pensar a uno sobre lo mediática y
selectiva que es nuestra justicia penal, lo que resulta realmente preocupante, por la manera flagrante en que se vulneran los derechos de las personas en Colombia, incluso por la misma justicia.
No pretendo con
esta apreciación afirmar que ambos sean inocentes del cargo que se les sindica
por la Fiscalía, pues desconozco los pormenores del proceso y el grado de responsabilidad que pudieran tener en los hechos que se les inculpan, sin embargo, tratándose de delitos contra la administración pública
en materia de actuaciones contractuales, me parece que mandarlos a la cárcel fue una medida
extrema que no era necesaria, por falta de una debida justificación, dado que
ninguno de los dos representa un peligro para la sociedad ni para el desarrollo
normal del proceso que se les sigue.
Lo que si
resulta extraño de la actuación judicial, es que esta medida se dé precisamente en
medio de las circunstancias especiales en que se hayan ambas personas. El señor
Caicedo ha manifestado aspirar a la presidencia de la república y se encuentra
adelantando una férrea campaña en contra de las castas políticas tradicionales
que se han usufructuado por años del ejercicio del poder en el Magdalena y la
Costa Atlántica, y para legitimar su causa, muestra reales ejecutorias en beneficio del
interés de los samarios como haber revertido concesiones leoninas que expoliaron
por años las rentas del Distrito, entregadas a particulares precisamente por
los que son sus enemigos políticos. El caso de Metroagua fue particularmente
representativo del estado de cosas dañinas que le dejaron a la ciudad sus
antecesores políticos en la alcaldía, que gracias a su gestión pudo recuperarse
como patrimonio público, ejecutoria que legítima y genuinamente hoy le reconoce la
comunidad.
El caso del
alcalde Rafael Martínez también es para mirar con detenimiento. Claro que
llegó a la Alcaldía apoyado por Caicedo y defendiendo su legado político en la
alcaldía. ¿Pero qué pecado mortal puede ser este? ¿Acaso no lo hizo Fajardo en
Medellín para llevar a Salazar como su sucesor?, y lo hizo Alejandro Char en
Barranquilla para llevar a su discípula Elsa Noguera? ¿No será acaso que por no
ser epígonos de las castas políticas que dominan a Santa Marta y el Magdalena,
el caso de estos sí constituye una afrenta al statu quo y por tanto deben eliminarse?
Quizás tanto
Caicedo como Martínez cometieron errores en materia de gestión contractual, eran
evidentes algunas obras inconclusas en la ciudad, pero tienen el derecho a dar
las explicaciones respectivas dentro de la reserva procesal. Como también es
justo reconocer las transformaciones que en materia de infraestructura llevaron
a la ciudad, con la construcción de puentes y avenidas que por años otros le
aplazaron al Distrito.
Comentarios
Publicar un comentario