Por:
César Augusto Hernández Ortiz
Como personas que
son, la mayoría de los candidatos que hoy luchan en campaña por llegar a la Presidencia
de la república de Colombia, tienen sus cosas buenas y malas. Es por ello que,
partiendo de esta lógica, e independiente de sus formas de ser, personalidad y
comportamientos personales, aspectos estos que ya de por sí, y dada la subjetividad con
que solemos analizar los hechos y personas, nos darían para descalificar y
aprobar algunos candidatos, me atreveré a dar mis percepciones sobre lo que
pienso, de lo bueno y malo de algunos candidatos:
Germán Vargas
Lleras: Tiene amplia experiencia y liderazgo en el manejo de lo público. Ya lo
demostró como vicepresidente encargado de la infraestructura en el gobierno de
Santos, mostrando gran compromiso y ejecutorias. También se le abona su
autonomía e independencia para tomar decisiones. Como aspectos negativos, no
parece estar muy desligado de sus nexos con la clase política tradicional y los
grandes barones electorales, por lo que un gobierno suyo, seguramente no estará
desprovisto de clientelismo y cuotas burocráticas, lo cual genera mucho riesgo
de que los fenómenos de corrupción continúen.
Sergio Fajardo:
Hace soñar con una ligera posibilidad que en Colombia sea elegido un presidente
alejado de compromisos con las maquinarias políticas, y por tanto haya más
oportunidad para todos los colombianos en acceso a la distribución equitativa
de la renta y en acceso a oportunidades laborales. Es justo reconocer que con
Fajardo habría una lucha frontal contra la corrupción y la politiquería. Sin
embargo, como aspecto negativo, paradójicamente su fobia por los políticos y las
cuotas burocráticas, lo llevan inexorablemente a un convencimiento pernicioso,
de que sólo con personas ajenas al mundo político, casi siempre amigos personales,
o personas sin experiencia ni trayectoria en la administración de lo público, es
posible gobernar, lo cual es un error que ya le hemos visto cometer en la
Gobernación de Antioquia y la Alcaldía de Medellín. Otro aspecto que genera duda
es su falta de tino como administrador y estadista.
Humberto de La Calle
Lombana: Su trayectoria y comportamientos en el pasado, como fue su renuncia a
la vicepresidencia en el Gobierno de Samper, por el escándalo del proceso 8000,
hacen de él una persona recta y con una voluntad inquebrantable contra la
corrupción. Le serviría mucho al país en este sentido. También haber sido el líder
del proceso que condujo al acuerdo con las Farc, lo convierten en un líder
idóneo para buscar la reconciliación del país, que hoy hace aguas en medio de
la confrontación política. Como aspectos negativos tiene la influencia y
pérdida de autonomía que le pueda representar tener encima el respaldo de Cesar
Gaviria y el partido liberal, que para clientelistas y negociantes de prebendas
la tienen solos. Otro aspecto que me inquieta un poco es la poca experiencia y
don de mando que le veo para el manejo de los asuntos del Estado.
Hasta aquí llego
hoy. En otra columna continúo con mi humilde apreciación sobre los demás
candidatos presidenciales.
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