Por:
César Augusto Hernández Ortiz
Ingeniero Civil
Desde hace algún tiempo, sin comprender bien de
que se trataba, preguntaba inquieto a mi señora cuál era la razón, por la que ya
era casi costumbre no poder dormir en las noches, debido al ensordecedor ruido
de cientos de motos de alto cilindraje, corriendo a altas horas de la noche por
la vía de Las Palmas. Quizás un poco descontextualizado de la vida en Medellín por
llevar varios años trabajando fuera de la ciudad, ignoraba que se trataba de un
problema que por años ha sido un dolor de cabeza para las autoridades y la
administración municipal, sin solución aún.
Consiste en espectáculos de carreras de motos y
piques ilegales, realizados por cientos de jóvenes, que, previamente, a través de
redes sociales o de la voz a voz entre ellos mismos, y en forma clandestina, al
menos para autoridades y policía, se citan a sitios determinados para competir y apoderarse de un espacio público, como una vía principal, por la que transitan vehículos en forma permanente, convirtiéndola por unas horas en escenario para el desfogue de adrenalina, frenesí, vértigo, y quizás también,
para el consumo de sustancias y bebidas alcohólicas.
Es mucho el riesgo de accidentes y muertes el
que se genera con estos actos, tanto para quienes compiten, como para los demás
conductores que transitan por la vía, o para las personas que asisten como espectadores,
pues, aunque parezca exótico para Medellín, los hay por cientos, al muy estilo
de las violentas escenas del cine, de la conocida zaga “Rápido y Furioso”.
Lo que más preocupa es que las autoridades de
policía y la secretaría de movilidad de Medellín, conociendo de esta práctica
ilegal desde hace años, siempre manifiestan que, aunque ejercen control y vigilancia,
las medidas adoptadas resultan insuficientes, y hoy este fenómeno se ha vuelto
un problema mayor para la ciudad, pues se ha prolongado no sólo en el tiempo,
sin encontrarle solución a la fecha, sino que ahora se extiende por muchas vías
y sitios de la ciudad.
Cuál es la magnitud, me pregunto, con que
nuestra sociedad califica el peligro que para nuestra juventud representa apropiar
ciertas prácticas que los medios masivos de publicidad y consumismo capitalista
nos quieren vender como hechos normales del mundo moderno, que más parecemos
indiferentes a la suerte de nuestros hijos, al punto, que cuando un dirigente
propone, al menos que tales prácticas de riesgo se puedan realizar, en un
escenario apropiado que entrañe menor peligro para sus vidas, como puede ser en
un autódromo que se construya para el efecto y ejercicio de tales actos y otros
propios de las prácticas a motor, en los predios de la Granja Tulio Ospina del
Municipio de Bello, surgen por montón voces descalificadoras del proyecto, acusándolo
de ser una afrenta contra el medio ambiente?.
No será posible aspirar, en que al menos por
una vez coincidamos que lo ambiental no se construye solamente entregando metros
cuadrados de espacio verde a la ciudad, sino propiciando una transformación del hombre como elemento del paisaje, de nuestros
malos hábitos, reordenando las costumbres, prácticas y la cultura de las personas,
mediante la promoción de espacios lúdicos y de recreación adecuados para que la población, y
particularmente la juventud, encuentren que el vértigo y la adrenalina que
buscan alcanzar mediante las prácticas acrobáticas de motor, no derivan de que
estas se realicen a altas horas de la noche, en sitios prohibidos y a
escondidas de las autoridades, sino de la mayor destreza y habilidad que puedan
desarrollar sobre sus máquinas a motor, al tiempo, que conserven niveles
adecuados de seguridad para sus vidas, realizando tales actividades en los sitios
adecuados.
No es más campeón, quien muere joven por ser
más intrépido, sino quien reflexivamente encuentra la excelencia conservando su
propia vida.
Comentarios
Publicar un comentario