Por:
César Augusto Hernández Ortiz
Bueno, ya que el presidente electo Duque prácticamente
nombró a las personas que ocuparán los cargos más importantes que lo
acompañarán en su gobierno, creo que una conclusión que se infiere por el
nombre de los elegidos, es que habrá tranquilidad en la heredad del Uribismo y
su jefe Álvaro Uribe, pues todo permite avizorar que su legado será protegido y
restablecidas sus políticas de la seguridad democrática y la de sus recordados “huevitos”,
que, según él, Santos le destruyó en sus ocho años de gobierno.
Quizás fue por ello, que, ante el discurso de
Santos en la instalación del Congreso, el expresidente se mostró displicente, y
en una actitud que puso en evidencia una falta de gallardía y nobleza, si bien
no por la persona que se despedía del poder, si al menos por respeto a lo solemne
del acto para la institucionalidad de la república, debieron ameritarle un
mejor trato, dado además que políticamente ese acto significaba para Uribe su
triunfo y vuelta al poder. Pero ese es el Uribe que conocemos, y, antes, por el
contrario, ese día grande para la patria, lo aprovechó para bombardear con
cientos de tuits cargados de descalificativos contra el gobierno de Santos.
Soy consciente que después de tantos años de
vida y lucha política de Uribe, en la forma vehemente que lo ha hecho,
utilizando también el poder para acabar con sus enemigos, se ha granjeado opositores
que quisieran verle derrotado y encarcelado. Hoy dudo incluso que muchos de los
procesos que la Corte Suprema de Justicia adelanta en su contra, cuenten con la
suficiente garantía de que se le respete el debido proceso, máxime si se da dentro
de una Corte que por años ha anidado sus más fervientes enemigos políticos,
evidenciando una vez más que en Colombia, más que una división de poderes del
Estado, lo que hay es una guerra entre poderes.
Es por ello por lo que no extrañaría que, ante
las amenazas de carácter penal que hoy asedian al expresidente, una prioridad de
alto valor para el gobierno que inicia, proveniente desde las más profundas entrañas
de su partido el Centro Democrático y del uribismo como un todo a nivel
nacional, desde gremios, instituciones afines, etc., sea la de blindar su
persona ante los acechos jurídicos, para lo cual, nada más propicio que tener
personas amigas en carteras importantes del gobierno nacional.
Todo este ambiente de polarización política que
no deja pensar ni trabajar por el país nacional, se pervierte aún más cuando desde
algunos medios de comunicación, ONGs y diferentes trincheras informativas, se
camuflan con el eufemismo de fungir como periodistas e investigadores, personas
que en el fondo son enemigos acérrimos declarados de Uribe, y cuya única razón
de vida es buscar destruirle por encima de lo que les exija su sacra labor
informativa. Es el caso del señor Daniel Coronell y tantos otros, quienes hacen parte a su vez, de otro contrapoder, con dignatarios y líderes en las tres ramas del poder, y que dicho sea de paso, encontraron tierra fértil para posicionarse estratégica y económicamente en el gobierno de Santos, a la sazón del proceso de paz.
Por todo ello, no me extraña que, a los
ministerios y demás entidades e instituciones importantes de las tres ramas del poder, sigan
llegando personajes, que no obstante contar algunos con trayectoria pública y
privada importante, se saben llegan allí, a defender una postura política de
grupo, de gobierno, quizás de estado, que garanticen que en Colombia no se
presentarán hecatombes institucionales ni caídas de grandes personajes. Es decir, cunden las calumnias, la corrupción y la lucha de intereses entre miembros de ambos poder y contra-poder y sus estructuras, y ante ellos, no llega la justicia, la cual está destinada sólo para los de "ruana", que son siempre las clases populares o campesinas.
Entre tanto, el país sigue clamando por sus transformaciones
y por la llegada a los altos cargos del gobierno, de las personas que nos
garanticen los cambios que requiere el país.
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