Por:
Cèsar Augusto HernàndezOrtiz
Ingeniero Civil
Leía en la prensa este domingo pasado, el caso insólito del costoso puente
fronterizo entre Colombia y Venezuela Tienditas, cerca de Cúcuta, construido
por el INVIAS, y terminado desde abril del año 2017 pero que no ha sido posible
poner en funcionamiento porque el Gobierno de Nicolás Maduro no lo ha permitido.
Fue construido incluso mediante el asocio de dos importantes empresas de ingeniería
de Colombia y Venezuela, Conconcreto S.A. y Pilperca, y según se informa, permitiría
el tránsito de más de 16.000 vehículos diarios entre los dos países, además del
tránsito de cientos de personas a pie y en bicicleta, por cuanto cuenta con una
calzada exclusiva para ello, lo cual contribuiría al intercambio comercial,
social y cultural.
Nada más injusto que tan aberrante desgreño estatal sea infringido contra dos
pueblos hermanos, en pleno siglo XXI, cuando disponiendo de una infraestructura
que les resolvería muchas necesidades, no sea utilizada por causa de los diferendos
políticos que en los últimos meses se suscitaron entre los gobiernos de Santos
y Maduro, llevando al traste las relaciones diplomáticas y comerciales entre
los dos países, y cuyo trasfondo, no es otro distinto que la crisis del régimen
chavista y el deterioro de la democracia en el vecino país, donde prácticamente
impera un régimen dictatorial y oprobioso contra el pueblo, que ahora Maduro
quiere que el mundo entero le tolere y acepte.
Como Ingeniero Civil no puedo expresar más que mi rechazo profundo por esta
ignominia contra las comunidades y pueblos vecinos, que constituye de paso el más
flagrante atentado contra el deber ser del ejercicio de la ingeniería, que no
es otro que llevar calidad de vida y desarrollo social a las sociedades, pisoteado
en este caso, por los abyectos intereses de las ideologías políticas.
Regímenes socialistas y derechistas, váyanse al carajo ambos.
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