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MI SOLIDARIDAD CON PERÚ Y ALAN GARCÍA


Por
César Augusto Hernández Ortiz
Ingeniero Civil

El ADN cultural de nuestros pueblos de américa del sur, aunque proviene de una misma sangre amerindia es muy diferente. Confirmo esto tras el trágico desenlace de la muerte del ex presidente del Perú Alan García, quien tomó la fatídica decisión de quitarse la vida, para evitar la orden de detención preliminar dictada en su contra, dentro del marco de una investigación por los presuntos delitos de lavado de activos y colusión agravada, relacionados con la trama de sobornos de Odebrecht.

Lo digo porque al igual que en Perú, el demonio de Odebrecht alcanzó a pervertir el alma de la dirigencia política y los gobiernos del Brasil, Ecuador y Colombia, sin embargo, en ningún país, aparte de Brasil con la condena de Lula,  el escándalo desatado por la corrupción de la multinacional brasilera generó tanto impacto a nivel de presidentes procesados, como en el Perú, no obstante que, como se ha comprobado por la justicia, en Colombia, por ejemplo, los dineros de la corrupción penetraron los dos últimos gobiernos de Uribe y Santos, pero el desenlace, contrario al trágico del Perú ha sido la impunidad.

Y es que no en vano desde la época de nuestra independencia al Libertador SIMÓN BOLÍVAR le atribuyen la frase “Ecuador es un convento, Colombia es una universidad y Venezuela es un cuartel”, y aunque desconozco la razón verdadera que tendría el Libertador para tal afirmación, si intuyo que más que un alabo, a lo que el Libertador quería referir era a la disímil idiosincrasia de los pueblos con los cuales soñó crear la Gran Colombia, sueño del cual en su interior al final se desencantó, al percatarse de las diferencias políticas irreconciliables entre los recientes pueblos liberados, y que aún hoy separan a América del Sur.

De hecho, por décadas han sido reiterados los ataques a Colombia por parte del régimen Chavista de Venezuela, demostrando un gran recelo hacia la élite neogranadina (lo que hoy es Colombia) y hacia los abogados de Bogotá, lo cual incluso viene desde Bolívar. Yo diría que recoge una percepción de años, de que en Colombia todo lo resuelven los abogados, y entre esas cosas se encuentra el hacerle siempre el esguince a la ley, mantener altos índices de impunidad y una corrupción exacerbada que históricamente ha favorecido mayoritariamente a la clase dirigente del país.

Hasta ahí, que ya es mucho que reprochar de la justicia y dirigencia de un país que se dice democrático y de derecho, es mas que suficiente para avergonzarnos como país de ver como los mismos delitos de corrupción propiciados por Odebrecht tanto en Perú como en Colombia, contrario a lo actuado por la justicia en Perú, en nuestro país no se ha producido castigo punitivo alguno a los responsables de cuello blanco.

Pero lo más grave aún, contrario también a lo que es característico del pueblo del Perú, y ahí reside la diferencia del ADN cultural al que aludí al principio, es que la sociedad Colombiana como un todo, haya incubado por años tal síndrome de tolerancia al delito de cuello blanco y de la clase política, al punto que no se ejerza presión alguna para que la justicia se vea obligada a actuar, o al menos, para que los presidentes que se ven envueltos en tan monumentales escándalos de corrupción, no continúen su actividad pública sin pudor alguno y sin el más mínimo asomo de vergüenza.

Me duele el trágico final de alguien de las excelsas calidades para la política como el expresidente García, pero incluso, con su fatídica decisión, mostró la gran diferencia que lo distinguió de sus pares, políticos del común. QEPD.

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