Por:
César Augusto Hernández Ortiz
Conozco desde hace muchos años al
Concejal de Medellín Jesús Aníbal Echeverri, porque somos oriundos de la misma
comuna nueve de Buenos Aires en el trabajo político, desde cuando salí elegido
en la primera generación de ediles de la ciudad. Desde entonces el Concejal
Echeverri ha realizado una impecable labor en defensa de las causas populares y
sociales de la ciudad, lo que le ha merecido un justo reconocimiento a su labor
como concejal de Medellín, y el acompañamiento por años de un alto caudal de
seguidores y electores, permitiéndole estar en el concejo por cerca de 16 años
consecutivos.
Cuando el Concejal Echeverri se
inscribió y recibió el aval del Partido de la U para aspirar a la Alcaldía de
Medellín, independiente de lo que pensara de sus reales posibilidades de
alcanzar la elección, pensé que era una buena oportunidad para que un dirigente
social con trayectoria política, hiciera manifiesto un clamor con el que muchos
hemos soñado sin tener la oportunidad de materializarlo siquiera como simple
intención.
Hoy me entero por los medios que
Echeverri ha renunciado a su aspiración, y a renglón seguido adherido a la
campaña de Alfredo Ramos, candidato del partido Centro Democrático.
Independiente del respeto que me merezca la decisión del concejal, así como su nuevo puerto de arribo político, sí debo decir que con su actitud se genera un mal
precedente, un mal ejemplo de lo que debe ser el correcto actuar dentro de la
actividad política.
La coherencia entre la forma de
pensar y actuar, así como el verdadero compromiso con la causa social que se dice
defender desde una corporación pública, hacen parte de los activos intangibles
que le merecen el reconocimiento de la opinión pública hacia un
determinado dirigente político. Puede afirmarse incluso, que su actuación en
contrario lesiona en cierta forma un bien jurídico, un activo público que él mismo
ha construido por años, como es el respeto al mandato de los electores, que le han
visto como un idóneo representante de sus causas.
Contrario sería, lo que acontece
con otros aspirantes a la alcaldía que sin opción alguna aún permanecen en la contienda,
cuyos méritos devienen de un fugaz paso por cargos administrativos, por virtud
de la designación de algún gobernante amigo, y siendo así, sólo representan el
mandato de sus propios intereses y por ende al mismo pueden renunciar en
cualquier momento, sin lesionar interés público alguno, más que el particular de
ellos mismos, o a lo sumo, la seriedad del comportamiento con que aparentan y
dicen actuar.
Pero el caso de Echeverri sí es especial,
por la circunstancia de configurar su grupo parte del tejido político de la ciudad.
Es decir, con su desafortunada actuación se da un mensaje negativo a la
sociedad frente al comportamiento de los políticos, y evidencia un claro
ejemplo de lo que está pasando en el mundo y las valoraciones que los distintos
grupos de interés o personas asumen frente a la participación política, donde
la reputación construida por años –uno de los activos intangibles que más valor
puede tener una persona–, puede perderse en cuestión de horas.
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