Por:
César Augusto Hernández Ortiz
Ingeniero Civil
Desde que Daniel Quintero Calle lanzó su
candidatura a la Alcaldía de Medellín a nombre del movimiento Independientes,
solo me he cruzado con él de manera personal en dos ocasiones. La primera fue
una mañana muy temprano en que me dirigía a mi trabajo en la Alpujarra, y él se
encontraba a esa hora ya repartiendo volantes y saludando a la gente. Decidí
arrimarme y expresarle un saludo al tiempo que le manifesté la simpatía que su
propuesta política me generaba y mi interés de ofrecerle mi humilde
colaboración desinteresada.
Y digo desinteresada, porque no he hecho nada desde entonces por propiciar ni
ganar un protagonismo entre los que se mueven a su alrededor y le colaboran en
su entorno cercano. Sólo me he limitado a escribir columnas de opinión con
apreciaciones personales sobre su proyecto político y a compartir algunos de
los mensajes que sobre él me llegan a mis redes sociales.
La segunda ocasión que le vi, fue hace cerca de tres fines de semana, un
domingo para ser exacto, que me desplazaba por la avenida El Poblado, trotando durante
la Ciclovía, y él venía caminando en medio de sus seguidores y colaboradores,
en una más, de sus acostumbradas marchas por Medellín. Le grité un saludo, que él
alcanzó a responder alzando su brazo. Eso ha sido todo.
Con lo anterior quiero dar fe, que Daniel Quintero no me conoce, ni sabe quién
soy yo. Sin embargo, pienso votar por su proyecto político. Me imagino que la
gran mayoría de las personas que votarán por él, presentan la misma característica
que yo. Es decir, son votantes voluntarios y en cierta medida desconocidos dentro
del mundo político de la ciudad, motivados tan solo por un ferviente deseo que
haya un cambio en Medellín.
Con los otros candidatos, lo único que le espera a Medellín es prolongar aún
más el manejo politiquero, clientelista y de favorecimientos personales que han
caracterizado a las últimas administraciones. Ya, por ejemplo, aunque no me
consta ni tengo pruebas para reafirmarlo, en los corrillos de la Alpujarra se
dice a “Vox populi”, que la renuncia e inmediata adhesión del excandidato de la
U Jesús Aníbal Echeverri a la candidatura de Alfredo Ramos, tiene de trasfondo
una negociación que lo llevaría a ser nombrado como el próximo Director del
Área Metropolitana del Valle de Aburra. Espero que sean sólo chismes sin
fundamento por el bien de la ciudad y de las buenas costumbres en el ejercicio
de la política.
Pero lo que, si deja un gran sinsabor, es ver en esta campaña el
espectáculo grotesco de dirigentes políticos y congresistas que debiendo dar
ejemplo de disciplina dentro de sus partidos políticos, no dudan en traicionar
al candidato oficial de su partido para adherir a otro antagónico, en demostración
clara de transfuguismo y apetito burocrático. Lo hicieron en la Gobernación, igual que con el candidato que inicialmente apoyaban para la alcaldía, al que sin pudor
alguno dejaron tirado en la calle, para ir tras el plato de lentejas que sin
duda alguna les darán en la campaña del candidato de las maquinarias políticas.
Son todas esas costumbres malsanas y de perdida de ideología y valores políticos, las que no deben permitirse continuar en
Medellín, que sólo han traído exclusión a la gran mayoría de medellinenses, y muchos
beneficios personales a unos pocos, que, a través de cofradías de políticos y
amigos cercanos, se arrogan el poder de signar los destinos de la ciudad.
Sólo espero que el ciudadano pueda decir el próximo domingo: ¡BASTA YA¡
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