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CONSTRUIR UNA NUEVA MEDELLÍN SOLIDARIA

 Por:

César Augusto Hernández Ortiz

Es triste ver como estos últimos días la tragedia por el virus del COVID ha golpeado muchas más personas y familias ante el incremento inusitado de muertes en Medellín. Es desgarrador ver como casi sin darles tiempo que puedan asimilar los acontecimientos, un día las personas anuncian por redes sociales la hospitalización de algún familiar, pidiendo de paso oraciones por su salud, y pocos días después, registran por el mismo medio que no pudo superar la enfermedad y falleció por causa del virus. Da la impresión de que hasta tan dolorosos anuncios los hacen ya con cierta resignación.

Son muchas las personas muertas, de distintas edades, adultas, jóvenes y ahora hasta los niños. Si sólo el hecho que muera una persona ya de por sí es una tragedia familiar, ¿Qué podrán sentir quienes pierden dos, tres  y hasta cuatro familiares al mismo tiempo? Así ha ocurrido por esta pandemia, y simplemente, resulta algo indescriptible poder expresar con palabras. ¿Qué le podrá quedar de motivación para seguir la vida a los sobrevivientes? ¿Qué debe hacer el resto de la sociedad y las autoridades por estas personas? Son preguntas que me hago.

Pero no puedo responderlas con acierto, porque en este nivel de avance de la tragedia humana que vivimos, como miembro de esta comunidad, ya debía haberme cuestionado a mí mismo sobre cuál es nuestra responsabilidad frente a las familias que sufren y cómo apoyar en medio de esta tragedia social que afecta a toda nuestra sociedad. Probablemente, el síndrome de tolerancia que causa ver y escuchar los registros de tantas muertes diarias, y la tranquilidad temporal de no haber padecido aún en carne propia el drama de la enfermedad nos ha insensibilizado frente al dolor del prójimo, lo cual es un pecado grave que confieso, me atormenta.

Una insolidaridad que conduce a que nuestra mayor prioridad sea aislarnos y resguardarnos con los nuestros, así, interiormente seamos conscientes que no estamos a salvaguarda, y que es sólo cuestión de tiempo en que igual estaremos frente a frente con este enemigo invisible, el cual también nos atrapará, seguramente, proveniente de un fuego amigo producto del contacto con nuestros propios cercanos.

Hoy la pandemia nos ha develado la ciudad verdadera que tenemos, con sus falencias asistencialistas e inequidades acumuladas por décadas de aplicar un aparato administrativo netamente politizado, que ha priorizado el gasto público en las obras suntuarias y faraónicas, en déficit de la inversión social en los estratos de mayor pobreza y menor calidad de vida.

Vemos con pavor como el sistema de salud colapsa frente a la demanda que le genera la crisis por la pandemia, por falta de mayor infraestructura médica en hospitales, centros de salud y logística de salud, particularmente del sector público, y sólo se sostiene gracias al esfuerzo y sacrificio del personal médico quienes se han echado sobre sus hombros con estoicismo la carga de enfrentar la enfermedad, y redoblándose en jornadas de trabajo y dedicación continua vienen atendiendo los cientos de enfermos que les llegan a diario requiriendo de atención urgente.

De otro lado, cabe preguntarnos, cómo estuviéramos hoy en Medellín, en medio de la pandemia, si no se contara con un sector empresarial colaboracionista y comprometido con la región, que no obstante sustentar su estructura productiva en un sistema capitalista y utilitarista, propios del modelo de la economía residual, ha posibilitado que en el caso específico de Medellín, el GEA haya sumado esfuerzos económicos y logísticos para ayudar en la atención de la pandemia, lo cual  demuestra su alta responsabilidad social y ética empresarial que les otorga un reconocimiento público como bienes públicos, que construyen confianza y tejido social dentro de la dinámica de desarrollo de la ciudad y su población, así, en la actualidad, inexplicablemente el mandatario local, en un comportamiento que rayando con lo enfermizo, se haya dedicado en el peor momento de la historia de Medellín, a querer romper la hermandad entre lo público y privado, desconociendo que esta consanguinidad subyace dentro del mismo gen que desde nuestros inicios, han hecho del antioqueño, por encima de todo, un hombre de servicio a los demás y solidario.

Es preciso entonces, para poder superar estos momentos difíciles de nuestra historia, que aunemos esfuerzos entre todos, por encima de los egoísmos personales e intereses políticos de algunos por figurar y trascender en lo mediático, para conformar un gran frente de solidaridad social en que podamos participar todos, para lo cual propongo se haga una convocatoria desde PROANTIOQUIA, a fin de colaborar a nuestros cuerpos médicos y de salud, hacerles ver que no luchan en solitario y que queremos serles de utilidad en su trabajo, y fundamentalmente, a esas cientos de familias que lo han perdido todo, a sus seres queridos, particularmente a sus niños.

Son estos últimos, por encontrarse en condiciones de mayor vulnerabilidad frente a la amenaza del virus, los que son atacados con mayor poder destructivo, ocasionando, además de pérdidas de vidas en los hogares, en muchos casos de quienes llevaban sobre sus hombros el sustento familiar y la responsabilidad de mantener la unidad familiar, enormes destrozos en lo económico, patrimonial y sicosocial, dejando secuelas dramáticas a su paso y sumidas a cientos de familias en un escenario de incierto futuro,  que obligarán necesariamente a ser el foco en adelante de la atención estatal y de todo el resto de la sociedad.

TODOS UNIDOS PARA CONSTRUIR EL MEDELLÍN SOLIDARIO DEL FUTURO.

 

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