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MI CARTA PARA EL ALCALDE DE MEDELLÍN Y LA OPOSICIÓN

 Por:

César Augusto Hernandez Ortiz


En toda campaña política por la Alcaldía de Medellín, es entendible que se den confrontaciones entre los distintos candidatos aspirantes a la elección, no solo sobre lo que cada uno considera es lo mejor para la ciudad desde su particular punto de vista, sino, fundamentalmente, entre los distintos modelos políticos y el ejercicio del poder. Fue lo que vimos en la campaña pasada de 2019, entre Daniel Quintero Calle, de un lado, y Alfredo Ramos y Santiago Gómez, del otro lado. Y no me refiero a un debate entre izquierda y derecha, porque para ese momento casi ninguno se quería dejar ubicar en alguno de los extremos en que se haya polarizado el país.

Quizás si se veía una intención más decidida por Quintero Calle de ir contra lo que ha sido el continuismo de las pasadas administraciones de Medellín, a las cuales fustigó y atacó  durante su campaña por lo que él ha dado en llamar los grandes “desfalcos” que le dejaron a EPM y a la ciudad, en tanto que Ramos y Gómez se mostraron más apaciguados frente a estas, ya por contar con la misma filiación política o tratarse del jefe político su antecesor, o quizás, y quiero pensar que lo hicieron de buena fe, contemporizaron con ellas por considerar que el modelo de gobierno que aplicaron era el “necesario”.

¿A qué me refiero con "necesario"? A que, no obstante lo importante que ha resultado para el desarrollo de la región la alianza estratégica entre los sectores privado, gremial, académico e institucional, trabajando todos de consuno por la ciudad y el beneficio de su población, también es menester reconocer que quizás por la falta del control necesario, y aquí va mi primera crítica para algunos concejales eternizados por años en sus curules, quienes más afanados por hacer parte de todas las coaliciones de gobierno y participar de la torta burocrática, dejaron en segundo lugar el control político a que están obligados por norma constitucional, lo que permitió se entronizara en la administración cierta connivencia malsana entre el sector público y privado, que llevada a un extremo vicioso, no sólo restringió la libre competencia, sino que favoreció a ciertos intereses particulares, en desfavor, tristemente, del interés general y de la satisfacción de las necesidades de la población en general, fundamentos absolutos que se persiguen dentro de toda función administrativa.

Esto no es para rasgarnos las vestiduras porque no lo hago con propósito de acabar con el modelo, exitoso en el fondo. Pero si quiero llamar la atención a que tolerancias como las que se otorgaron con la mala aplicación de normas urbanísticas dentro del modelo ocupacional de la ciudad, por ejemplo, llevaron a la conurbación irregular de las laderas de El Poblado y Las Palmas, y que a la postre, devino en daños ambientales para la ciudad y calamidades sociales como el famoso caso del Edificio “SPACE”, con muertos y personas que perdieron su vivienda. Aquí hubo fallas de esa alianza de lo público y privado, en este caso entre urbanizadores y administración, y sus consecuencias nefastas aún no han sido compensadas a la sociedad.

También fue reprochable la forma en que se compraron activos del sector privado por parte de nuestras empresas públicas como fue el caso de Orbitel, y cuando la Contraloría de Medellín quiso adelantar el control fiscal respectivo, fueron esas fuerzas del poder público y privado quienes le quitaron la competencia para no afectar al alcalde del momento, afectándose de lado el interés general y el patrimonio público.

Y no me quiero extender con más casos concretos como la dudosa venta de UNE, donde el Concejo tuvo su rol protagónico como “convidado de piedra” y amanuense de los intereses, una vez más, de la alianza de lo público y privado.

Entonces, ¿por qué nos sorprendemos ahora de que haya llegado alguien, dándose un ropaje de independiente y cuestionando el comportamiento de manos sueltas con el erario de las administraciones municipales de los últimos años, y haya logrado convocar “tras de sí”, a una población que históricamente ha sido excluida de los beneficios, que a modo de redistribución de la renta debiera darse, como resultado de las acciones municipales en alianza virtuosa con el sector privado? ¿No son ellos mismos, los que hoy hacen oposición los responsables acaso?

Y Aclaro que utilizo la palabra “tras de sí” arriba, para diferenciar que no es lo mismo una persona que una causa. Porque si bien, fueron la independencia, las causas populares y la promesa de participación democrática las que motivaron a la mayoría de la población de la ciudad a acompañar a Quintero Calle, en la actualidad el alcalde viene mostrando y haciendo cosas diferentes. Confieso desengañado que los postulados por los que nos invitó a votar, paulatinamente se van desnaturalizando cada día con sus comportamientos de “peleador de calle”, nepotismo, ataques contra la institucionalidad, y actuaciones de sus dirigidos, no exentas de cuestionamientos en materia de contratación pública, lo cual nos deja entrever que el mal de la corrupción, contra el cual se dijo lucharía, como se dice en Antioquia, es “el mismo perro con distinta guasca”.

Así, que no obstante lo que ha sido costumbre, que después de cada elección de alcalde, el ganador,  así terminara siendo más una frase de cajón que una realidad, en su discurso de posesión se comprometía frente a la ciudad que su gobierno sería para toda la ciudad y población, sin distingo de opositores políticos, y menos aún, sin diferencia de votantes a favor o en contra, era recibido con beneplácito por todos, en tanto atenuaba la rivalidad de la campaña y dejaba a los perdedores cierta tranquilidad, o al menos, la esperanza de obtener algún beneficio de esa administración, hoy, desafortunadamente con el alcalde Quintero, ni a eso se tiene expectativa alguna de ver en realidad. Enfrentado como está él con media ciudad y su dirigencia, su gobierno está enfocado en utilizar todo lo que encuentre a su alcance para derrotar a sus enemigos. Y dentro de este calificativo, parecen formar parte inclusive, quienes, aun habiendo votado por él, ante cualquier sugerencia de mejora que planteen a la alcaldía, vemos como se les baja del bus y entran a ser también un objetivo militar.

Muy triste que en medio de una pandemia que, sólo en Medellín, nos tiene al borde del colapso como sociedad, sigamos pensando que una elección popular, mas que darnos un mandato de poder y supremacía, lo que nos da es la oportunidad de servir a todos por igual, sin dejar de lado la responsabilidad que implica la función como servidor público.

Por ello mi mensaje respetuoso al Alcalde, para que comprenda que una empresa privada ética y con responsabilidad social, es un bien público tan valioso como la administración, y merece el apoyo y no el ataque, estas no sólo crean riqueza material, sino que contribuyen a crear un clima de confianza dentro de un tejido social, y en el caso de Medellín, digno es reconocer que muchas empresas, de comprobado compromiso social, han logrado ganarse un sitial como parte de nuestros activos públicos mas queridos.

Por favor Alcalde. Recapacite, recomponga el camino y eche para adelante.

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