Por:
César Augusto Hernández Ortiz
Una de las dificultades que se presentan para llegar a un acuerdo entre el Gobierno nacional y los manifestantes del paro nacional que permita levantar los bloqueos de las vías del país y parar las muertes de jóvenes en las marchas de protesta, es que como está conformada la mesa de negociación, “no están todos los que son, ni son todos los que están”. Esto se evidencia de la declaración de algunos jóvenes que participan de las marchas de protesta en distintas ciudades del país, en las que afirman no estar representados por los líderes de Comité del Paro que negocian con el Gobierno, por lo que, desde ya, anuncian que independiente del posible acuerdo que se logre en la mesa no cesarán en el bloqueo de vías.
Así es muy difícil negociar, dada
la ausencia de uno de los elementos básicos dentro de la resolución pacífica de
conflictos como es tener interlocución con la contraparte, consientes que sus voceros
la representan en su totalidad, y que las decisiones a que se llegue por consenso
revertirán en la solución del conflicto que hoy tiene paralizado al país
entero. Vista así la situación, queda la sensación que en el actual paro nacional
algunos sectores o grupos de presión, por su mayor astucia y experticia en las
luchas sociales, estuvieran sacando provecho del instrumento de presión que
desde las calles ejercen otros sectores poblacionales mayoritarios, como son los
jóvenes en condiciones “nini” - ni estudian ni trabajan -, que quizás,
jugándoselas al todo o nada producto de la situación de desesperanza a que han llegado, piensen
que ya nada tienen más que perder y quieran llevar sus acciones hasta las
últimas consecuencias, lo cual sería nefasto para los intereses de ellos mismos, del país y de toda
su población en general.
En efecto, de la encuesta del
Centro Nacional de Consultoría publicada el pasado 1° de junio, el 50 %
considera que el Comité del Paro representa sus intereses. ¿Y la otra mitad qué?
Pero, además, solo el 29 % piensa que el movimiento social lo controla el
Comité, mientras que el 59 % cree que nadie lo controla. ¿Así las cosas, qué
garantías tiene el Gobierno que las concesiones que haga a los líderes del
Comité del Paro se traduzcan en mejoras sociales para la vasta población que hoy protesta? Y si con ello, se logrará desobstruir el sistema productivo del
país y retornar a la convivencia ciudadana hoy alterada en grado sumo.
El otro aspecto que resulta
peligroso para la sociedad a futuro es que se entronice la idea que bloquear las
vías por las que se mueve la economía del país y tolerar el vandalismo, resulte
un instrumento “idóneo” mediante el cual se pueda presionar la consecución de
reivindicaciones sociales que, aunque legítimas, no pueden incoarse mediante la
comisión de delitos.
La pérdida de vidas producto de
las confrontaciones que suman más de 50 en lo que va del paro es una tragedia para
el país y la sociedad entera, y evitar que sigan aumentándose las muertes, particularmente
de jóvenes, debería ser suficiente para obligar a los miembros de la mesa a
negociar. El Gobierno debe trascender las discusiones estériles de la mesa de
negociación que parecen circunscribirse a recriminaciones mutuas por supuestos “chantajes”,
donde ni siquiera hay acuerdo sobre lo que es o no es un delito, y volcarse a las
asambleas urbanas que se realizan por los jóvenes en las distintas ciudades con
todos sus ministros dispuestos a escucharlos y buscar soluciones concretas a la
problemática social. Propongo que sea la ministra de Educación María Victoria
Angulo, quien lidere dicho proceso, pues siempre ha dado muestras de su inteligencia y escucha, acompañada
por todos los rectores de las universidades públicas, a fin de construir una
agenda exclusiva para los jóvenes que pueda ser atendida por el gobierno nacional.
Si pasamos de las marchas de
protesta que siempre terminan convirtiéndose en jornadas nocturnas de
vandalismo y terrorismo, para pasar a las asambleas ciudadanas de debate y
discusión, estaremos aislando de una vez a los vándalos que se infiltran y
hacen de las marchas el medio para la comisión de sus reprochables actos.
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