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LIDERAZGO FALAZ QUE CORROMPE NUESTRO TEJIDO SOCIAL

 Por:

César Augusto Hernández Ortiz

Igual que el falso profeta en la creencia religiosa antigua, lo es el falso líder que ahora nos promete alcanzar una sociedad mejor. Como el primero, que ilegítimamente fingía cualidades de profecía o se proclamaba poseedor o receptor de determinados dones divinos, sin realmente poseerlos, el falso líder moderno se proclama poseedor de la virtud y la verdad, y construye una narrativa persuasiva a base del odio y la venganza que siente por otros, haciéndolos ver como los demonios y peligros a los  que se enfrenta la sociedad y de los cuales debemos huir o destruir, y en contraposición seguirlo a él, por el camino de la salvación que nos ofrece.

Estos falsos líderes políticos que se proclaman poseedores de un falso don de visionarios, un falso carisma, una falsa imagen pública o apariencia de sensibilidad social que utilizan para fines egoístas ocultos que pueden ser demagógicos, utilitaristas, políticos, u otros intereses lucrativos, económicos, personales, etc., tristemente logran engañar a cientos de personas que les dan la representatividad con su voto, para que lleguen a usufructuar el poder del Estado en beneficio propio y de sus amigos cercanos.

En su delirio febril por el poder, sus actuaciones arbitrarias hacen oídos sordos al escrutinio público y la crítica, convencidos en su ceguera irracional que combaten con altruismo y estoicismo la corrupción que les dejaron sus antecesores en el poder. En esa cruzada por la moral no les importa cometer los peores actos de corrupción, pues dentro de su concepto de corrupción el fin justifica los medios, y en ese entendido, el uso indebido de los servicios públicos para beneficio personal, no es más que una nimia recompensa por su “sacrificio” redentor, que en nada resulta reprochable ante la sociedad.

Pero mi escrito no busca ensalzar a  los que hoy son perseguidos desde el poder, pues por sus acciones igual los hemos conocido, va dirigido a todos sin distinción, tanto a dirigentes de la derecha, centro e izquierda política, como de los partidos tradicionales o recientes, pues usando un lenguaje coloquial, un farsante o simulador que se hace pasar por una persona buena, cuando en realidad, esconde motivos maliciosos e ilegítimos, los hemos padecido en Colombia en todo el espectro político.

Lo triste de esta situación es que no veo que vaya a cambiar a futuro pues la corrupción es ya una costumbre inveterada dentro del Estado mismo y la clase política en su gran mayoría, convirtiéndose en un fenómeno que socava la estabilidad política, social y económica del país, y en última instancia, amenaza la seguridad de la sociedad en su conjunto, y a través de la cual sus propulsores buscan mantenerse en el poder y perpetuar los beneficos que obtienen y el statu quo de un mismo régimen, que nada cambia por que sea de derecha o izquierda, pues ya no es un asunto de ideologías políticas, que hace mucho tiempo se perdieron entre la mezcolanza ideológica de los partidos políticos y el transfuguismo de sus dirigentes.

Si ya en Medellín hemos evidenciado lo deplorable del gobierno de la izquierda, que sin ambages se ha unido con la clase política de siempre para esquilmar la ciudad y destruir el tejido social, ¿Qué nos induce a pensar que sea Gustavo Petro, Federico Gutiérrez o Fajardo, quienes pongan freno a esta malsana costumbre en una eventual  presidencia de la república? Los escuchamos ¡


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